JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ
Mañana empieza la Semana Santa y todos los pueblos de España, Andalucía y Granada se preparan para estos especiales días. Son muchos los que viven con auténtico fervor la pasión y muerte de Cristo, pero uno de nuestros pueblos, Cuevas del Campo, es verdaderamente especial. He tenido el privilegio de poder estar en dos ocasiones en este pequeño pero especial pueblo de nuestra provincia donde la Semana Santa se vive literalmente, por parte de todos los habitantes desde los niños hasta los menos niños. Cada uno tiene su papel dentro de este gran drama que se representa cada año en las calles de Cuevas del Campo. El artífice de toda esta gran representación es Antonio V. Martínez, que junto a los actores principales y resto del pueblo recrean un ambiente en el cual te sumergen en la época de Pilatos.
Comienza con la entrada de Jesús en el pueblo el Domingo de Ramos, y para ello se engalanan todas las calles recreando la antigua Jerusalén.
Pero la verdadera representación está en el Viernes Santo, donde se lleva a Jesús para juzgarlo a la parroquia del pueblo, donde desde la terraza un malvado Pilatos lo condena a ser flagelado y a muerte. Es una escena de gran realismo donde el protagonista que hace de Jesús sufre el tormento ante las carcajadas del pueblo de Jerusalén y la desesperación de María, todo, claro está, en una interpretación magnífica.
La subida al Gólgota se lleva a cabo por una de las calles más emblemáticas de la localidad: La Cañá de San Isidro (Vía Dolorosa), donde tienen lugar las tres caídas.
En la primera una mujer se acerca a Jesús para darle de beber agua mientras los soldados levantan al Cristo a latigazos, y si me fijo en alguna que otra cara del público descubro ojos con lágrimas que corren sin poder remediarlo.
En la segunda caída, un poco más adelante, Verónica sale de entre el numeroso público, con la oposición de los romanos, para limpiarle la cara a Jesús de sangre y sudor. En la tercera caída una madre con un niño ciego se acerca al Nazareno para que lo cure y el niño sale gritando "madre ya veo, ya veo".
La Crucifixión, el Entierro y la Resurrección tienen lugar en el paraje denominado ´Cueva de Parejo´, en Cantarranas, un impresionante rincón centenario de inimaginable belleza. Hasta allí me encaramé para poder sacar estas impresionantes fotos que te dan la idea de la magnitud de este espectáculo religioso-teatral.
Las escenas se van sucediendo como si te sumergieras en una de esas grandes películas producidas en Hollywood donde todo ocurre a tu alrededor. La Crucifixión llega a su punto más emotivo cuando la madre de Cristo sube por el monte acompañada de otras mujeres con los brazos en alto intentando acariciar los pies de su hijo sin conseguirlo y desmayándose después.
Si a toda esta excelente puesta en escena le acompaña una música escogida para cada momento, unos efectos visuales magníficos y un público que no respira para no romper la magia del momento, va a ser muy difícil contener esa lágrima que se desliza por la mejilla.
La tarde continúa con la entrega de Cristo a su madre a los pies de la cruz, creando una bella escena donde los elementos naturales se alían con los protagonistas y su magnifica interpretación produciendo una visión del momento, recreando una imagen de la Dolorosa.
Tras el entierro de Jesús en una cueva que hay en los pies del cerro donde lo crucifican, la Resurrección deja a todos los espectadores atónitos, pues el mismo crucificado reaparece en lo alto del cerro con una túnica blanca y llevando en sus manos una paloma que suelta al viento entre los aplausos de más de seiscientos cueveños saludando desde la cueva de Parejo al numeroso público que cada año tiene una cita en este enclave granadino donde la Semana Santa se vive de diferente y bella forma.