JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ
Las tierras de la Alpujarra han sido testigos mudos de acontecimientos históricos que a lo largo de los siglos han cambiado la esencia de su propia historia.
Cuando recibí por parte de mis amigos Miguel Sabio y Antonio Mingorance la invitación para visitar Mecina Bombarón me alegré, pues es uno de los pueblos de la Alpujarra en los que nunca he estado y esta oportunidad no podía desaprovecharla. Así que me puse mi sombrero de Trotapueblos y me lancé a la carretera que va desde Órgiva a Torvizcón y después a Cádiar, pero me equivoqué, ya que debí coger el casco y un tractor para poder sortear la cantidad de obstáculos y desprendimientos que tiene la dichosa carretera que, advierto, es peligrosa con ganas. A alguien debería darle vergüenza que en pleno siglo XXI una carretera comarcal que une municipios importantes de la Alpujarra parezca una pista de pruebas para el Dakar.
Una vez llegados a la villa me esperaba Miguel Sabio; después de recuperarme de la dichosa travesía comenzamos la visita a este precioso pueblo, cuna de Don Diego López Aben Aboo, noble morisco que fue proclamado rey de los andaluces después del asesinato de su primo Aben Humeya en la rebelión de los moriscos de 1568.
Mecina Bombarón, junto a Yegen, el barrio del Golco y el caserío de Montenegro, conforman el municipio de Alpujarra de la Sierra, cabecera del término municipal, que está constituido por la asociación de numerosos barrios como el de Arriaces, Mezdita, Cuesta del Rubio o Barrio Alto, bastante diseminados entre sí y con numerosas huertas intercaladas entre las casas. Pueblo morisco que aún hoy en día posee numerosos vestigios de aquella época como son las numerosas acequias que siguen funcionando con la misma vigencia que antaño.
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel del siglo XIX estaba ubicada en sus orígenes en donde hoy se encuentran las escuelas y según me comenta Miguel también en ese lugar existía un cementerio. La Ermita de los Remedios o la de las Ánimas son otros de los atractivos que posee este municipio.
Agua y lavaderos. El agua presente en todos estos pueblos de la Alpujarra mantiene un especial contacto con la población, que se plasma en las numerosas fuentes que se diseminan por todo el término, aunque para Antonio la de los Manzanos tiene el sabor delicioso de la Sierra. También en la villa encontramos dos lavaderos, el de Plaza Vieja y la fuente del Capitán en el camino a ´Guais´ –Guadix– donde la vida social era habitual; las mujeres que venían a lavar la ropa hablaban de las últimas "comidillas" del pueblo mientras que los hombres daban de beber a las bestias e igualmente le echaban el ojo a alguna que otra moza en el lavadero. Mecina conserva intacto su viejo puente del antiguo "Camino Real" que unía Almería con Granada, paso del comercio entre la costa y el interior. Algunos atribuyen origen romano a esta reliquia arquitectónica, considerada en el pueblo como un auténtico monumento local. Está situado por debajo del puente moderno de actual tránsito, y contrasta con éste por su singularidad y estilo. Es de un alto valor arquitectónico además de ser el único de la comarca que pervive inmóvil al paso del tiempo. Cuántas historias se podrían contar desde sus barandas.
Mecina posee numerosos senderos que tienen como protagonista el agua, como el de las Acequias o el de las Chorreras, que se halla entre Mecina y Yegen con una impresionante cascada de agua, en un lugar privilegiado con vistas sorprendentes, o el sendero de las Encinas que atraviesa el Puente Romano; el camino Real de las Hoyas y entre ancestrales encinas llegamos a Yegen.
El museo fotográfico debajo de la plaza del Ayuntamiento es otro lugar a visitar que muestra en imágenes la vida cotidiana de la gente de la Alpujarra.
Terrazas. En los calores del verano las terrazas son una de la soluciones que el cuerpo agradece. La Terraza de la Gloria es una de las que podemos disfrutar para estos días calurosos y noches mágicas, su situación en plena Vega es privilegiada y como referente os la puedo recomendar para una cena íntima a la luz de las velas para aquéllos que desean seguir los caminos del corazón en una velada perfecta.
Con este artículo me despido hasta la próxima temporada. Gracias a todos por seguir siendo fieles al Trotapueblos.