JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ
Algunos lugares de nuestra provincia tienen el privilegio de poseer la historia, el territorio y clima de un verdadero paraíso terrenal. Son lugares que el hombre ha habitado desde tiempos inmemoriales buscando la felicidad. Motril es uno de esos lugares, que se encuentra en el corazón de la Costa Tropical. Si a esto le añadimos su buena gente, hacemos de Motril un lugar imprescindible de visitar, y como a un servidor le encanta escribir de estas tierras no me demoro más y comienzo con la cita en la Oficina Municipal de Turismo, donde me esperaban el Concejal Francisco Villoslada y Sofía Rivas, coordinadora de Turismo de Motril.
La entrevista fue breve ya que había mucho que visitar. Muy cerca de donde está la oficina de Turismo encontramos la entrada al parque de los Pueblos de América, por donde os recomiendo dar un paseo ya que tiene una gran riqueza vegetal. En lo alto de la colina está el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, levantado sobre las ruinas de un castillejo nazarí que fue residencia de la reina Aixa Alhorra, madre de Boabdil. El templo fue construido a partir de 1631 por Isidro de la Chica, que proyectó un edificio de cruz latina de una sola nave. Parcialmente destruido durante la Guerra Civil, fue restaurado en el segundo tercio del siglo XX intentando en lo posible respetar su antigua estructura.
El paseo prosigue por el interior del casco urbano, donde encontramos la Iglesia de la Encarnación, comenzada a construir en 1510; artísticamente es una amalgama de estilos y a mediados del siglo XVI la iglesia tuvo carácter militar. En el exterior tenía almenas, parapetos, saeteras y troneras, sus puertas estaban defendidas por rastrillos y fosos. En cada una de las esquinas de los testeros Este y Oeste se construyeron torres defensivas de las que actualmente existe la llamada ´Torre de la Vela´, construida utilizando el antiguo alminar de la mezquita Alixara y donde se ha hallado un enorme osario que se trasladará a un camposanto en breve, según me comenta el concejal.
Tras la plaza del Ayuntamiento llegamos a uno de esos edificios que poseen el encanto de lo coqueto. Me refiero al Teatro Calderón de la Barca, un edificio singular que exteriormente no denota la estructura interior, ya que la fachada está falta de tratamiento arquitectónico, pero el interior es una verdadera joya, construido en 1880 por algunos empresarios de Motril, este teatro se concibe como un teatro a ´la italiana´. Consta de un patio de butacas y de tres pisos con plateas, palcos y cazuela, a los que se accede por un estrecho pasillo de muros curvos. Los tres pisos aparecen divididos por columnillas de fundición evocando el orden corintio. El techo de la sala, plano, aparece decorado con un lienzo al temple, en el que figuran cuatro cuadros dedicados a las musas Euterpe, Talía, Melpómene y Terpsícore, una preciosidad.
Continuamos por el centro de la villa donde las calles están llenas de vida, gente que viene y va. Llegamos a la Plaza de San Agustín, donde está el mercado municipal. Allí hablo con Francisca Lizano, que lleva más de treinta años vendiendo los famosos claveles de la Vega de Motril.
De camino a la Casa de la Palma, Paco me comenta la remodelación que quiere hacer el Ayuntamiento de la Avenida de Salobreña, creando un espacioso bulevar hasta la entrada a Motril.
La Casa la Palma, aparte de ser la sede de la UNED y biblioteca municipal, contiene el museo de la caña de azúcar, y no en vano Motril, su historia, cultura y paisaje han permanecido unidos a los procesos de explotación y fabricación del azúcar de caña durante casi mil años. Con el nombre de ingenio, se identificaron genéricamente a partir del siglo XVI las grandes y nuevas manufacturas de azúcar en todo su conjunto: locales, maquinaria y herramientas en contraposición a las antiguas y modestas "aduanas del azúcar" de la época nazarí y morisca. El auge en la obtención de azúcar se centró entre los siglos XVI y XVIII en los que hubo hasta once ingenios. El ingenio de la Palma de Motril, construido en el siglo XVI, produjo azúcar a lo largo de la Edad Moderna, con algunas pequeñas interrupciones, como la ocurrida en 1679 debido a la epidemia de peste que asoló Motril.
Podría seguir escribiendo acerca de la historia de la producción del azúcar, pero me faltarían paginas en el periódico. Por eso os recomiendo que visitéis el museo de la Casa de la Palma, quedaréis impresionados gratamente como un servidor con este lugar que recrea tecnologías y material arqueológico sobre un recorrido que junto a las explicaciones de David Bourde te situarán en plena producción azucarera.
Hablando de caña, azúcar y melaza no podemos olvidar el famoso ron de Motril donde Adriana Martín nos explica en la bodega que hay camino al Puerto la elaboración del Ron Pálido (3 años en barrica) y Gran Reserva (4 años y medio) que fundó su tío-abuelo Don Francisco Montero y al que este año le otorgaron el premio del Instituto Internacional de Sabor y Calidad.
En cuanto a alojamientos hay uno que es una verdadera maravilla: la Casa de los Bates S. XIX, con unos 20.000 metros cuadrados de jardines centenarios donde perderse y disfrutar de sus fuentes, cascadas y generalifes así como del interior de la casa; la dirige Julio Rodríguez al cual no pude saludar por estar ausente, aunque su encantadora esposa me mostró este idílico lugar.
La gastronomía en Motril tiene muy buenos representantes, pero en esta ocasión Paco eligió El Restaurante Katena que gobierna José A. Molina y que heredó de su padre. Pepe es también presidente de la Asociación de Hoteleros de Motril y para esta ocasión preparó un menú degustación con productos autóctonos de Motril, con entradas de pulpo asado a la brasa y ensaladas de frutos tropicales con miel de caña, marisco fresco de la costa motrileña; me encantaron "las piedras crudas", salmonetes de roca y mero y para terminar fruta y torta real única de Motril, exquisita. Y de digestivo un palito de Ron con caña incluida, todo un lujo.
Me quedo sin espacio y queda mucho por visitar de Motril pero prometo volver en breve y continuar con este paraíso terrenal.
Próximo Trotapueblos, Salobreña.