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Hacer la paz y no la guerra

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Decenas de investigadores trabajan para sentar las bases de un mundo sin conflictos armados. Lo hacen desde un instituto universitario que este año celebra su vigésimo aniversario.

E.F. Tres jóvenes llaman a la puerta del despacho del profesor Francisco Muñoz. Imparte clases de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada (UGR), pero la lección de este día se celebra en otro lugar; un espacio algo menos conocido dentro de la comunidad de la institución académica, pero en el que decenas de investigadores, entre ellos el propio Muñoz, trabajan en busca de los valores, principios y factores que permiten la convivencia tranquila entre pueblos y sociedades, más allá de las diferencias culturales, sociológicas o religiosas que los separan.

Ante la atenta mirada de los alumnos, el experto del Instituto de la Paz y los Conflictos de la UGR confiesa que poder dedicar su tiempo a tareas con una notable influencia social, “es una satisfacción y un profundo estímulo”. Jugando con la nomenclatura de este centro de excelencia, asegura que “cualquier conflicto es una buena oportunidad para la paz”. El Instituto, que celebra este año su vigésimo aniversario, se ha convertido en un referente en el ámbito de la investigación internacional dentro de un campo tan concreto como éste.

Decenas de publicaciones –algunas de ellas sobre desarme nuclear y sociedades civiles de países del arco mediterráneo– dan muestra de la producción científica acumulada en estas dos décadas. Su papel asesor, así como docente, tampoco es menor. Francisco Jiménez, otro de los componentes del equipo que dirigen las profesoras Beatriz Molina Rueda –directora; departamento de Filología Árabe– y María José Cano –subdirectora; departamento de Estudios Semíticos–, habla también del papel asesor de la institución, de sus iniciativas académicas y de los lazos con universidades y gobiernos de América Latina, Magreb u Oriente Medio. Especialistas del centro han colaborado como asesores en países como Colombia, una nación donde las heridas del terrorismo son profundas y donde ellos formarán parte de la Comisión Nacional de Reconciliación.

De la misma forma, han promovido la puesta en marcha de máster sobre Paz y Conflictos en universidades colombianas, mexicanas o argentinas. El Gobierno andaluz también recurrió a ellos para desarrollar su programa de Educación para la Paz. Contaron con ellos en el Observatorio para la Convivencia Escolar y la obra ‘Enciclopedia de Paz y Conflictos’ figura hoy como libro de consulta en cientos de colegios de toda la región. Molina insiste en la estructura multidisciplinar de una organización en la que coinciden antropólogos, filólogos, historiadores, geógrafos, filósofos, profesores de bellas artes, médicos y hasta bioquímicos, matemáticos o físicos. “Nos movemos en un terreno complejo y afrontamos problemas que sólo se pueden abordar desde múltiples puntos de vista”, concreta Beatriz Molina.

Más paz que violencia. Pero, más allá de las investigaciones, los volúmenes y el conocimiento que esta institución universitaria exporta al mundo, el centro ofrece una nueva perspectiva de las causas que llevan a la ruptura del equilibrio y de las relaciones entre los pueblos, de los factores que conducen al enfrentamiento, de las condiciones que lo favorecen y de los principios que permiten la convivencia. “Resulta mucho más interesante entrar a estudiar estas situaciones desde la paz. Aunque no se perciba así, porquelas guerras y la violencia llenan espacios televisivos y de comunicación, la paz es mucho más frecuente que los conflictos”, añade María José Cano, quien aclara que “concebirla únicamente como el mecanismo que se sigue para terminar con un conflicto armado es hacer una visión demasiado simplista”.

En este sentido, señala que la clave está en “cómo resolver un conflicto de forma no violenta”. La mayor parte de sus esfuerzos y el de sus compañeros van encaminados a ello. Explican que el sistema cultural influye mucho y que es necesario trabajar en “una cultura de no enfrentamiento”. Resaltan el papel de la educación. La ven como una herramienta vital en este objetivo: “La única manera de cambiar el punto de vista y de sentar las bases para una convivencia sólida es a través de ella”.

Comentan que detrás de las guerras aparecen un conjunto de circunstancias nefastas que van creciendo con el tiempo y que suelen confluir en los conflictos armados. Beatriz y María José hablan de intereses económicos, injusticias sociales, bolsas de marginación y pobreza. Es un cóctel al que se refieren con el término de “violencia estructural”, el gran enemigo al que hay que tener en el punto de mira.

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