PILAR ARJONA.
Cerca de 300 personas se encerraron ayer en las oficinas de la inmobiliaria Osuna de Puerta Real y de la sucursal del BBVA de Reyes Católicos. Protestaban contra las medidas anunciadas por el Gobierno central para hacer frente a la situación económica. Sindicalistas procedentes de diferentes puntos de Andalucía, encabezados por el parlamentario andaluz por Izquierda Unida Juan Manuel Sánchez Gordillo y convocados por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), iniciaron la concentración repartidos en dos numerosos grupos.
Sánchez Gordillo explicó que el encierro "pacífico" que habían convocado "en las oficinas de las dos grandes culpables de la situación: la banca y las inmobiliarias" obedecía a una protesta por la política del Gobierno central de cara a la crisis. El parlamentario de izquierdas afirmó que, con las decisiones tomadas por el Ejecutivo, "no hay dinero para rescatar a los parados, pero sí a la banca". Y manifestó que "la política de Zapatero es la contraria a la del bandolerismo: en lugar de robar a los ricos para dárselo a los pobres, le roba a los pobres para dárselo a los ricos", apostilló.
El portavoz de la protesta también quiso aclarar que desde el SAT proponen que la empresa pública intervenga "como salvadora de la crisis, porque lo están pagando los pobres". Además, solicitó que "se rescate a los ayuntamientos, que están en bancarrota, en el peor momento de su historia". Sánchez Gordillo exigió más inversión "en creación de empleo de calidad", la intervención pública en la energía "ya que, como sector estratégico, debe ser público", el impulso de una nueva ley del suelo "para que sea público e inespeculable", y que "Epsa -Empresa Pública del Suelo de Andalucía- construya viviendas, sin ánimo de lucro, para abaratar su coste en un 30%", entre otras medidas.
Desalojo. Todo esto ocurría en la sucursal del BBVA de la plaza de Reyes Católicos, mientras en la oficina de la inmobiliaria Osuna, en Puerta Real, una decena de policías procedían al desalojo, sobre las 13.45 horas, de las cerca de doscientas personas que ocupaban el inmueble. Pese a las resistencias y las recriminaciones, los sindicalistas abandonaron el lugar y, megáfono en mano, se dirigieron hasta la sucursal del BBVA para reunirse con el resto de compañeros de protesta. Camino del encuentro con el resto de manifestantes, lanzaron consignas como: "Nos hace falta ya una huelga general", "¡Viva la clase obrera!" o "La crisis que la paguen los capitalistas".
Ya por la tarde, los sindicalistas continuaron encerrados en la sucursal del BBVA de Reyes Católicos. Allí permanecieron hasta que al menos doscientos manifestantes protagonizaron sobre las 16.00 horas una sentada en plena calle, en las inmediaciones de Gran Vía y del propio banco que duró al menos media hora. La policía tuvo que desviar el tráfico hasta que lograron que los manifestantes despejaran la calzada.
A última hora de la tarde, los trabajadores decidieron mantener el encierro de forma indefinida hasta obtener "una respuesta de la administración". Una decena de agentes de Policía rodeaban el edificio, a la espera de que un juez ordenara el desalojo, algo que al cierre de esta edición no se había producido porque la propia entidad financiera no había interpuesto denuncia alguna.