la cisterna

Malos tiempos para la lírica

 
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Y para la política, la crítica, la prédica, e incluso, y sobre todo, para la ética. La sentencia que condena a don Luis García Montero confunde la verdad con la veleidad. Y con el tocino.

LUIS MUÑOZ Corren malos tiempos para la lírica, aunque la lírica puede consolarse, que también son épocas tenebrosas para la prédica, para la política, para la crítica e incluso para la ética, todas ellas afectadas de lleno por la sentencia dictada por la Sala de lo Penal número 5 (cuidadito con la rima), que condena a don Luis García Montero, nuestro más querido Premio Nacional de Poesía, a pagar una multa y una indemnización a un profesor al que llamó perturbado. Este presunto enseñante tiene la osadía de explicar a sus alumnos que García Lorca era fascista, al igual que Francisco Ayala, y que nuestro afamado vate y su señora, la también magnífica escritora Almudena Grandes, son unos pesebristas que se han vendido al sistema.

Al llamar perturbado al tal profesor, creemos que don Luis se equivoca, ya que a nuestro humilde modo de ver, el epíteto apropiado sería otro, que nos nos atrevemos a escribir, no vayamos a pollas, que en la lotería de los juzgados nos puede tocar cualquier cosa. Para no caer dentro del campo del Código Penal, diremos que el joseantoniano profesor (ése es su nombre) nos parece un perfecto jimenezlosantos o un rematado sanchezdragó. Y no diremos más, por si acaso, que no tenemos 4.500 euros sueltos para pagar la avería.

Que son malos tiempos para la crítica lo demuestra la propia sentencia del juez Miguel Ángel Torres, que ahora sí que se ha hecho famoso a nivel mundial, donde se atreve a comparar la polémica entre dos profesores con las que mantuvieron en su día Cervantes y López de Vega (que no sabemos quién es, perdonen nuestra ignorancia) o Góngora y Quevedo. Dice el Sr. Crítico Literario que ahora no hay el nivel que había en aquellos tiempos, y razón lleva, que don Francisco de Quevedo, por insultos menos ofensivos, sacaba la filosa de su vaina y la mojaba en los higadillos de sus adversarios. Para completar su formación sobre el Siglo de Oro debería el Sr. juez pillarse en el videoclub la película ‘Alatriste’, que tiene una dificultad de grado medio –para ser generosos– y le puede venir bien para su nivel.

También son malos tiempos para la prédica, ya que don Luis, harto ya de estar harto, nos anuncia que deja la docencia y a partir de ahora se va a dedicar a sus labores. Aunque mucha gente le dice que no, nosotros le animamos a hacerlo, ya que el esfuerzo inútil produce melancolía, y el abandono de sus compañeros, decanos y rectores da para mucha melancolía e incluso para cortarse las venas. Como pueden ver, también son malos tiempos para la ética, que la mayor maldad es que los hombres honrados no hagan nada para evitar los atropellos y las injusticias. Además, si don Luis dispone de tiempo nos deleitará de nuevo y más frecuentemente con sus coplas y así volverán los buenos tiempos a la lírica.

Probar a trabajar
Aunque entendemos su desánimo y el deseo ferviente que tiene de perder de vista tanta envidia cochina, le conminamos a que olvide su propósito de no recurrir el auto del Sr. Crítico Literario, que es de por sí una de las mayores injusticias que hayamos visto nunca, además de estar cogido por los pelos, de un calvo. Además, y esto es lo peor, si el presunto profesor se sale con la suya, se crecerá y volverá a las aulas con sus veleidades a explicar que don Francisco Ayala, que sufrió 40 años de exilio, era partidario de la dialéctica de los puños y las pistolas, angelito nuestro.

Piense vuesa merced en todos los alumnos que quedarán en manos del presunto durante las décadas que le falten para jubilarse. Pueden ser miles de alumnos los infectados por él o por otros como él, si ahora no presentamos batalla. Y sobre todo, por encima de todo, por sus niños y por sus poemas, le suplicamos que recurra el auto judicial para que una instancia superior desdiga como se merece al juez, que si se nos viene arriba con esta sentencia, a lo mejor se siente tentado a seguir con su carrera literaria. Y eso sí que no podríamos soportarlo.

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