NICOLÁS LÓPEZ CALERA
Hay una cuestión en el caso García Montero-Fortes que no ha recibido la merecida atención. Ya es grave que a García Montero (amigo Luis) le hayan dado con el martillo de una sentencia en su privilegiada cabeza. Ya es grave que la cabeza de Fortes siga ilesa y no haya habido martillo alguno (judicial o académico) que le haya hecho alguna señal. Es grave también que, a nivel judicial, no haya suficientes martillos para dar donde tienen que dar, y los pocos que hay se utilicen para darle un golpe a uno de los mejores poetas de nuestro tiempo. Porque puestos a condenar a todos aquellos que descalifican a sus adversarios con palabras iguales o similares a las que se dice que pronunció García Montero, faltarían jueces y harían falta millones de martillos.
Más aún: lo que le ha dicho García Montero a Fortes son casi cariñosas palabras en comparación con lo que se dicen entre sí, por ejemplo, políticos o protagonistas de la vida rosa. Y no pasa nada. Me temo que el caso García Montero le “gustó” al juez. Las citas de clásicos de la literatura huelen mal aquí. Había “materia” para dar una campanada. No tiene mucho sentido ser tan rápido y riguroso, cuando estamos hartos de leer sentencias exculpatorias de descalificaciones (posibles injurias) y de acusaciones de delito (posibles calumnias).
Además no debe olvidarse que, dentro del derecho, todo o casi todo es posible. Un juez dice A y otro dice no-A. Por eso hay recursos y los recursos se pueden ganar. Si García Montero hubiera recurrido, otro juez podría habría concluido que lo dicho por el juez Miguel Ángel Torres no tenía pies ni cabeza. En el mundo del derecho desgraciadamente es posible condenar al poeta Premio Nacional de Poesía o al camionero que ha cometido un delito de tráfico, pero también es posible que Carlos Fabra, Presidente de la Diputación de Castellón, siga tan contento, que no le pase nada ante las graves acusaciones que pesan sobre él y encima le toque la lotería. Y que el juzgado que lleva su caso se quede vacante de titular cada dos por tres. La administración de justicia sí que es un “poema”, querido Luis, y no lo que tú escribes.
[Nicolás López Calera es catedrático de Filosofía del Derecho]