Crónica

La música en vivo agoniza

Las principales salas de la ciudad, algunas con treinta años de trayectoria, se enfrentan a fulminantes órdenes de cierre que limitan mucho la agenda de conciertos. Por Luis Arronte. Granada

 
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pocos locales de conciertos quedan ya en granada, y la gran mayoría de ellos tiene serios problemas administrativos. la asfixia burocrática es grave, pero la resistencia se está organizando.

"Toca, Sam, toca ´As time goes by´". "No, señorita Ilsa, que nos quitan la licencia y nos cierran el garito", responde Sam. Semejante respuesta, que nada tiene que ver con los diálogos originales de la película, habría matado todo romanticismo posible en ´Casablanca´. Pero sería un ´sketch´ que bien podría resumir la situación actual de la música en vivo en Granada y buena parte de su provincia. Mantener una agenda estable en una sala de conciertos con entidad es una auténtica batalla, contra las administraciones y contra el viento.
En apenas un año, los locales más importantes de conciertos de Granada han sufrido duros reveses, en especial los dedicados a géneros como el jazz y el blues, estilos que sin el directo no tienen sentido alguno. Los llamados ´papeles´ del local incluyen licencia para tener música en vivo, para abrir hasta tal o cual hora, licencia hasta para tener televisor. Y entre tal maraña de artículos y normativas se hace difícil mantenerlo todo en regla. Tarde o temprano, los propietarios caen en algún error, y la orden de cierre sobrevuela sus cabezas.
El Pícaro. Hubo un tiempo en que en el Café Pícaro, en el barrio del Realejo, mientras los clientes pedían un cóctel o un café con leche alguien levantaba la tapa del piano e interpretaba un ´standard´. También eran frecuentes las ´jams´, colaboraciones improvisadas entre músicos de jazz con la libertad por norma.
El cierre decretado para este local es el más reciente, y se publicó el viernes en La Opinión. Ayer, apareció por la oficina del diario el músico que aparecía en la fotografía que ilustraba la noticia, David Defries, un trompetista y compositor británico afincado en Granada y habitual en estos recitales. "Los lectores pueden tomar nota de que estoy tocando con sordina y de que no hay ningún micrófono. Es evidente que con esa formación de trompeta y piano junto a Jesús Hernández hacemos menos ruido que cualquier máquina que repara la calle o que cualquier pub con sus altavoces", reivindicó el músico.
"En la intimidad que ofrece un lugar como el Pícaro cada flexión muscular es captada por un público atento y sensible. No estoy preocupado por mí, que ya me dedico más a la composición [en la actualidad, Defries está trabajando en arreglos sobre obras de Duke Ellington y Billy Strayhorn para la OCG dentro del Festival de Jazz], pero con tanta enseñanza musical, ¿dónde pueden expresar sus talentos los jóvenes, que han de madurar con público en vivo? Defendamos los pocos lugares tipo ´Café concierto´ que hay, porque si no sólo existirá la cultura virtual, aprendiendo a tocar una bulería en el Polo Norte con un CD Rom", añade.
Agentes de la Patrulla Verde de la Policía Local de Granada entregaron el pasado 10 de octubre la notificación de cierre a Gerardo Rosales, propietario del Pícaro. "El silencio administrativo sobre este asunto ha durado tres años, pese a pagar dos licencias y cumplir los requisitos que nos solicitaron. No tendrían que cerrar el local, sino regularizarlo", afirmó Rosales el viernes. Precisamente acababa de reformar el local entero este verano, y va a tener que cancelar conciertos importantes.
Eshavira. Defries, el trompetista y compositor, tocó por primera vez en Granada, hace diez años, en otro club histórico: el Eshavira, entre la Gran Vía y la calle Elvira. Jazz y flamenco se turnan en sus rincones desde hace treinta años. Aquí el problema es distinto y, según su propietario, Juan Santos, tiene que ver con la "especulación urbanística". Situado en un viejo bloque de renta antigua, se ha pretendido desalojar y derribarlo para construir nuevas viviendas. En la actualidad, tras un ofrecimiento de la Junta por salvar la situación, "la decisión depende del Ayuntamiento". "Si lo tiraran, eso sí que sería un delito", afirma Santos.
"Parece que les molestan las iniciativas autónomas y privadas, las cosas que no puedan decir que han hecho ellos. No hay contemplación. En Granada es imprescindible que existan locales de este tipo, con una comunidad de músicos tan grande. Pero se trata la música en vivo como si fuera una enfermedad. ¿Cómo se puede castigar tanto una actividad cultural", se queja el propietario del Eshavira. En su opinión, hoy en día es prácticamente imposible conseguir del Ayuntamiento una licencia de música en vivo. "Ya no dan, está muy restringido".
El Secadero de Alhendín. La sala de conciertos de José Luis Sánchez, ubicada en la Carretera de Motril, es otro de los locales decanos. Lleva abierto 13 años. "El 1 de julio de 1994 abrimos, y dimos el primer concierto el 15 de julio, con el grupo Cu Bop", recuerda perfectamente Sánchez. Desde entonces, noches memorables con Chano Domínguez, Jorge Pardo, Javier Ruibal o Hilario Camacho. "Hasta mayo de 2003 no tuvimos ningún problema, ninguna denuncia". En esa fecha se inició una batalla entre los vecinos cercanos al Secadero y el propietario, con mediciones de decibelios confusas y farragosas cuestiones legales. "Es el Ayuntamiento el que desarrolla las leyes a este respecto, así que los requisitos o las licencias dependen de cada municipio en última instancia. Hay miles de leyes distintas, pero ninguna que defienda la cultura. Se deberían asumir estos locales como bienes culturales, también con un valor turístico para todos los gustos", explica Sánchez. Precisamente en el Secadero es donde se ha tenido que celebrar este pasado viernes el concierto que Javier Ruibal iba a ofrecer en el Pícaro.
Otros muchos. En Granada hay otros tantos locales de música en vivo que luchan por mantener su actividad. La Tertulia, abierta desde 1981 en la calle Pintor López Mezquita, es uno de los epicentros de la actividad de la poesía y canción de autor de la ciudad. Por allí han pasado los mejores, bajo la coordinación de Horacio Rebora. Ahora, tras varias ordenes de cierre combatidas, tienen que pedir a los músicos invitados que toquen sin amplificación y que se ajusten a un horario estricto. Pero mantienen una agenda intensa y a la altura de las circunstancias.
Planta Baja murió en 2004, ante el aluvión de multas y denuncias, después de años siendo uno de los referentes andaluces más importantes para la música independiente. El grupo de rock Eskorzo la reabrió, la reforzó y la remodeló, hasta convertirla en una sala casi indestructible, que hoy vuelve a gozar del favor del público y de un cartel de conciertos envidiable. Pero sus propietarios no se confían, es frecuente la visita de los técnicos del Ayuntamiento con un medidor de decibelios. Y así otras tantas salas, no muchas más, de Granada.
"La tocaste para ella, la puedes tocar para mí ¡Tócala, Sam!". "Qué dice, señor Rick, no me lo pida, que de verdad que me juego la licencia". La película no era así.

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