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Quique Pina: De villano a héroe

 
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Quique Pina, representante de futbolistas.
Quique Pina, representante de futbolistas. Enrique Bonet

Este polivalente hombre del fútbol ha pasado en unos meses de ser insultado en Los Cármenes a convertirse en la esperanza de futuro del Granada CF

JAVIER AGUILERA Pocas veces una persona es capaz de provocar en una afición sentimientos tan contradictorios en tan poco espacio de tiempo. Dicen que del amor al odio sólo hay un paso, y ése lo han dado, a la inversa, los seguidores más temperamentales del Granada CF con Quique Pina. No ha sido fácil atinar con el cargo que aparece habitualmente acompañando al nombre, ya que este murciano que ya ha superado la barrera de los 40 años es muchas cosas a la vez: representante de futbolistas, inventor de clubes, mecenas futbolístico, mano derecha en España de Gino Pozzo... y desde hace unos días, responsable deportivo del Granada CF, donde podría ascender a desempeños mayores cuando el próximo jueves la asamblea de socios del club apruebe la conversión de la entidad en sociedad anónima deportiva.

Enrique Pina Campuzano fundó hace una década el Ciudad de Murcia, club que en apenas un lustro logró llegar a Segunda y quedarse a un paso del ascenso a la Liga de las Estrellas. Pese a conseguir mayores éxitos deportivos que el histórico Real Murcia, nunca gozó del cariño ni de la afición ni de las instituciones pimentoneras, lo que le llevó como propietario a venderlo a Carlos Marsá en una operación que movió los cimientos del balompié local.

Pina, como buen padre, no se quiso separar del hijo que había engendrado, criado y llevado muy alto, por lo que convenció a Marsá, al que sacó unos cuantos millones de euros en la operación, más otros tantos que aún tiene pendientes de cobro, para que le fichara como director deportivo del nuevo Granada 74 en Segunda.

La espina del 74. La temporada, con menos apoyos aún que en Murcia, fue un fracaso, sobre todo cuando Marsá deshacía todo lo que él trataba de tejer, pero le sirvió para acercarse a la ciudad, a su club de toda la vida y a su masa social, anestesiada por los continuos engaños de sus dirigentes, pasiva por tantos años en el pozo de la Segunda B.

Pina, por el hecho de devolver décadas después el fútbol de elite a Granada y de formar parte del 74, se convirtió en enemigo público de la casaca rojiblanca, fue insultado varias veces en Los Cármenes, de donde hasta llegó a salir en alguna ocasión protegido por la policía.
Enamoramiento. Pina descubrió las potencialidades de este equipo, de esta hinchada y de esta tierra. Su buena relación con Pedro González Segura, miembro de la gestora comandada por Ignacio Cuerva, y con Javier Jiménez, presidente de la Cámara de Comercio de Granada, le permitió acercarse de nuevo a una ciudad de la que ya estaba enamorado para poder sacarse la espina que se le clavó con el 74. Ha sido el elemento clave para convencer a la familia Pozzo de que este lugar y este club es el idóneo para llevar a cabo el gran proyecto futbolístico que pretenden los italianos en España, donde él ocupa un lugar preferente. Y en eso están.

Este representante de múltiples jugadores, entre los que destaca Dani Güiza, es un amante de los cinturones, los relojes y la buena ropa. De hecho, aprovecha sus habituales viajes a Italia para renovar su peculiar vestuario, en el que abundan las prendas de cuero, las botas, muchas de ellas de piel de cocodrilo, las camisas, en las que varios botones suelen estar desabrochados en la puesta, o los vaqueros. Viste diferente pero con buen gusto.

Galán y listo. Es coqueto, lo que explica que hace dos años iniciara un tratamiento capilar, y suele ir siempre bien acompañado, también por Juan Carlos Cordero, algo más que su mano derecha en los últimos años. Pina conoce a la perfección todos los rincones del fútbol y dicen sus íntimos que pocos se mueven como él en los sitios ajenos al terreno de juego donde se cuece la suerte del deporte rey.

Tan amigo de fiestas como puntual y madrugador cuando hace falta, se mantiene en plena forma porque hace deporte con asiduidad. Le gusta el buen vino, en los restaurantes se deja asesorar y suele comer lo que le recomiendan.

No hay duda de que sigue en este negocio porque le gusta, ya que tiene dinero como para disfrutar sin problemas y sin trabajar más el resto de su vida. Los que viven con él el día a día le consideran un gran motivador, que también sabe escuchar además de dirigir, y destacan su implicación para resolver problemas. Le acusan de ser muy duro, a veces de rozar lo políticamente incorrecto en las negociaciones con jugadores, tanto cuando dialoga para fichar a algún jugador como cuando defiende los intereses de sus representados.

Ambicioso, directo, con tantos detractores como seguidores, ángel para unos y demonio para otros, Quique Pina ha pasado de ser villano a héroe en el Granada CF. Ahora, su suerte será la del club rojiblanco, en la que ha desembarcado como un ciclón, como es él, con un discurso que habla de ascensos y gloria.

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