Jorge Rodríguez Rincón

Un gaditano en la Vega

 
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Un gaditano en la Vega
Un gaditano en la Vega 

Jorge Rodríguez cambió el tradicional barrio de la Viña, en Cádiz, por la tierra de la ´malafollá´. Ahora es responsable de las infraestructuras granadinas

M. Á. RATIA Lleva 26 años en Granada y conserva el mismo acento que cuando nació en el barrio de la Viña, en Cádiz. Ni siquiera se le ha pegado la ´malafollá´ de esta tierra. Pero no significa que Jorge Rodríguez Rincón, delegado provincial de Obras Públicas de la Junta, no esté comprometido con la provincia granadina. Al fin y al cabo, granadinos son sus hijos, su mujer y, por qué no decirlo, parte ya de su vida. Pero nunca ha perdido el humor gaditano, ni su pasión por las chirigotas –dicen que se las graba y las escucha durante todo el año– ni su costumbre de acabar las frases con un "venga, ´pisha´".

Llegó a Granada de la mano de una mujer. "Siempre es la mujer la que tira de uno", suele bromear. La conoció mientras ambos estudiaban Magisterio en Cádiz y se enamoró sin remedio. Ella vivía allí por motivos de trabajo de su padre, pero en cuanto pudo se trajo a Jorge para Granada. Era el año 1983 y cambiaron las playas gaditanas por la Vega que se vislumbra desde La Zubia. Allí montaron su propio negocio, una guardería que gestionaron entre los dos aprovechando su experiencia docente. Pero a Jorge le picó el gusanillo de la política. Durante algunos años, desde 1991 hasta 1999, compaginó los niños con su labor como concejal socialista en el Ayuntamiento de La Zubia. Pero aquel año fue elegido alcalde del municipio. Los zubienses apoyaron con sus votos a ese político afable, cercano y con gracia que había llegado desde la otra punta de Andalucía. Pero dos años después la política le mostró su cara más amarga en forma de moción de censura. Abandonó la alcaldía hasta que en las siguientes elecciones, en 2003, volvió a presentarse como candidato. Y volvió a ganar. Sus allegados aseguran que la experiencia de la moción le dejó huella, y por eso no duda en apoyar o solidarizarse con los compañeros de su partido que han pasado por trances parecidos desde entonces. También le dejaron huella sus años como alcalde, que le sirvieron para afrontar los problemas con una cercanía que no se gastan otros muchos delegados de la Junta. Ese espíritu ´municipalista´, como ahora se ha puesto de moda decir, le ha ayudado en su nueva tarea al frente de Obras Públicas. Llegó a la Delegación en mayo de 2008 y desde entonces ha tenido que lidiar con carreteras, puentes, trenes y, sobre todo, el metro. ¡Cuántos quebraderos de cabeza le estarán dando las obras del metropolitano! Casi tantos como el controvertido proyecto de la Ronda Este. Pero Jorge no pierde la calma, ni tampoco la sonrisa. Amigo de la discreción –por difícil que parezca para algunos políticos, no suele buscar salir en la foto–, el delegado de Obras Públicas intenta capear el temporal con tranquilidad y prudencia. O al menos eso aparenta. Nadie sabe si alguna vez se ha arrepentido de abandonar el Ayuntamiento, pero lo cierto es que se mueve entre planos, proyectos técnicos e ingenieros con soltura.

A pesar del cargo y el despacho propio en el nuevo edificio de la Junta en Almanjáyar, no ha perdido su cercanía. Dialoga con los alcaldes de la provincia de igual a igual –para algo fue uno de ellos durante tantos años– y nunca se niega a recibir a alguien. "Su despacho siempre está abierto a cualquiera", afirman los que trabajan con él. También en su labor diaria intenta crear buen ambiente. "Es un buen jefe", dicen unos; "saluda a todo el mundo y escucha cualquier reivindicación o petición que le hagas", aseguran otros.

Su fama de político cercano ha comenzado a ser tan conocida que en las últimas elecciones europeas el partido le hizo trabajar más de la cuenta. Él fue uno de los cargos socialistas que acudió a más actos electorales, y no porque él quisiera, sino porque se lo ´rifaban´. "Casi todos los alcaldes querían que fuese Jorge a dar un mitin, porque conecta tan bien con la gente y es tan gracioso...", comenta una compañera suya.

Es un apasionado del jazz, de los carnavales (intenta no perderse nunca los de su tierra) y, antaño, del deporte. Antaño porque una lesión de rodilla le apartó de la práctica deportiva –era un buen corredor– y tuvo que abandonar su ´hobby´, lo que le hizo perder un poco de forma física. Pero ahora practica otro ´deporte´: tratar de desarrollar las infraestructuras de Granada escuchando a todas las partes e intentando lidiar con partidos, grupos ecologistas y colectivos sociales. Le queda mucho trabajo por delante, pero sus allegados solo esperan que la política –esta política en particular– no le haga perder el buen humor. El acento gaditano, después de 26 años, seguro que no lo pierde. ?

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