La política, pese a que muchos de los que se dedican a ella profesionalmente lo hayan olvidado, también puede tener su lado reivindicativo. A María Asunción Pérez Cotarelo, nacida en 1954 en el populoso y obrero barrio madrileño de Vallecas, no hace falta que se lo recuerden. La actual diputada provincial de Cultura no pasa precisamente desapercibida. Y no sólo por el peculiar color de su cabellera –naranja brillante– sino también por su vehemencia y pasión –defínase como se quiera– a la hora de defender los postulados en los que cree desde joven. Tan luchadora es que algunos de sus enemigos confiesan tenerle más que respeto cuando se enfada, precisamente el mismo respeto que muchos se tienen que ganar, día a día, en los barrios obreros.
Así es la ley de la calle. En cualquier caso, por mucho que malmetan sus contrincantes, no estamos hablando de un ogro. Todo lo contrario, los que trabajan con ella aseguran que es un ‘pedazo de pan’. Vamos, que no muerde e incluso a veces se emociona más de la cuenta. Lo cierto es que en una época en la que todos los políticos parecen cortados por el mismo patrón, Pérez Cotarelo es un caso disonante. Quienes la conocen asegura que ella nunca ha buscado ser protagonista, pero tampoco es amiga de la diplomacia.
Los más malintencionados añaden que lo raro es que alguien así, que dice lo que piensa, ‘sobreviva’ a la sociedad granadina en general, tan mirada y comedida en sus manifestaciones públicas. Pañuelo palestino. María Asunción, conocida como ‘Choni’, un mote que parece no molestarle, se declara una mujer de izquierdas. Su forma de ser e incluso de vestir dan pistas. Le gusta llevar el típico pañuelo palestino que Yasser Arafat convirtió en motivo reivindicativo. En su altar imaginario figuran, entre otros, Bob Dylan, Juan Pinilla o Silvio Rodríguez, aunque ella asegura que le gusta cualquier tipo de manifestación musical o cultural.
De hecho, últimamente está ‘enganchada’ a los boleros. Además, en su amplio listado de amigos se hallan nombres ilustres como Luis García Montero o Miguel Ríos. Ha hecho de Granada su casa. Aquí nació su hijo, de 23 años, y por el momento no tiene ninguna intención de hacer las maletas. María Asunción, no obstante, nació en un Madrid ‘invadido’ por la parafernalia franquista propia de los años más duros de la dictadura. Para su familia no tuvo que ser sencillo si se tiene en cuenta que ella era nieta de un activista republicano.
La actual diputada provincial de Cultura, mujer de ideas claras y firmes, sigue defendiendo la causa republicana, aunque aclara que no está en contra de la Familia Real, sino de la institución que representa. Psicología. María Asunción se licenció en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, aunque realizó dos cursos en Toledo porque su padre, trabajador de una empresa eléctrica, fue destinado a esta ciudad castellano-manchega. Llegó a Granada por azar.
Poco después de concluir la carrera aprobó unas oposiciones de Técnico Superior Administrativo y fue destinada a una oficina del entonces llamado INEM en la ciudad. Era 1978 y desde entonces ya no ha abandonado Granada. Tampoco abandonó sus inquietudes ideológicas pese a que muchos puedan pensar que un trabajo funcionarial es enemigo de cualquier manifestación o ambición política. Pérez Cotarelo, vecina de Cúllar-Vega y militante de IU, decidió a finales de los noventa adentrarse en un mundo desconocido para ello y formó parte del gobierno local como concejal de Igualdad, Desarrollo local y Formación. Podría parecer una labor menor, pero a ella se entregó con la máxima dedicación. No en vano, aseguran que para ella su pueblo es “lo máximo”.
Compaginó la labor municipal con su trabajo en el antiguo INEM hasta finales de 2006, cuando dio un giro a su trayectoria profesional al trasladarse a la Delegación provincial de Igualdad y Bienestar Social. En ésta última sólo ha estado unos meses –en 2007 la nombraron diputada provincial de Cultura– pero se trató de una etapa que recuerda con especial cariño por poder trabajar como psicóloga con los niños que llegaban en patera a la provincia. El trabajo con los más desfavorecidos, de hecho, le priva.
Hace unos meses estuvo en los poblados saharauis y no dudo en denunciar lo que otros callan por temor a que sea políticamente incorrecto. Habla, a las claras, de que ningún gobierno hace nada “por gente que lleva 35 años tirada en el desierto”. Polémicas no le han faltado en sus dos años como diputada, aunque hasta ahora ha logrado sortearlas de forma airosa.
Su principal quebradero de cabeza esta siendo, seguramente, evitar la salida del centro José Guerrero de Granada, algo con lo que han amenazado los descendientes del pintor cuando la Diputación provincial anunció su intención de incluir dicha institución artística dentro de la futura fundación de arte contemporáneo. Pérez Cotarelo echó mano entonces de la diplomacia para pacificar los ánimos. Vale el ejemplo como muestra de que esta mujer no sólo es vehemente, aunque algunos traten de ‘venderla’ así. También sabe de diálogo.