JORGE PARADINAS
Las generalizaciones suelen ser peligrosas. Muchos consideran al doctor Juan Carlos Benavides un ´friki´ de la política. Lo hacen de oídas, sin apenas conocerle, porque algo tiene que tener este hombre para ganarse, legislatura tras legislatura, la confianza del electorado sexitano, una relación de amor sólo rota durante cuatro años, cuando el PP aprovechó su dominio nacional en los noventa para romper la hegemonía ´benavidiana´ en Almuñécar.
Cierto es que existen argumentos de peso para mirarle de reojo, con cierta prudencia. Benavides ha acumulado, durante casi dos décadas de alcaldía, más de 60 causas judiciales. Se dice pronto. Es cierto que se pueden contar con los dedos de las manos las veces en las que ha sido condenado, pero dicha acumulación de pleitos no habla precisamente de gobiernos tranquilos. A este médico metido a regidor, en cualquier caso, parece importarle poco tanta tempestad. Él siempre da con la fórmula para curarse las heridas.
Benavides también es un camaleón. Sólo hay que echar un vistazo a su trayectoria política y a sus continuos cambios de partido. Para él no existen ni la izquierda ni la derecha, únicamente la opción adecuada, la que siempre ha elegido y le ha mantenido en el poder. Empezó muy joven en el PSOE, e igualmente joven decidió dar un cambio de tuerca, molesto por el reparto del poder que se hacía en el partido.
Lo hizo hacia las tendencias nacionalistas, donde la disciplina no parecía tan férrea. Da igual las siglas –PA, PSPA o Convergencia Andaluza– casi siempre ha salido victorioso en su feudo. Cuando la situación era insostenible y el barco le se hundía no ha dudado en fundar nuevos partidos para salir a flote.
La costa granadina tiene sus usos y costumbres, muchas veces antagónicas de las que se practican en la capital. Es normal que algo así pase en una provincia repleta de contrastes geográficos o climáticos, en la que se pasa del mar a la nieve, o de la higuera al olivo, en cuestión de minutos. Este preámbulo puede explicar la popularidad de Benavides en territorio costero, algo que no se termina de entender en Granada capital. Este médico, nacido en 1954 en Motril, creció en el seno de una familia de clase media.
Sus padres pusieron los medios para que no le faltase de nada, ,y así estudió en los Agustinos motrileños, aunque Benavides suele presumir de que cuando se abrió el primer instituto público en Motril, el Javier de Burgos, se marchó convencido de que su educación transcurriría alejada de los religiosos. Nadie duda de la veracidad de estas afirmaciones, pero lo que encumbra a Benavides es precisamente su manera de contar las cosas, de vestirla con un traje reivindicativo, una táctica que nunca le ha fallado y que le ha originado una pléyade de incondicionales.
En el instituto, con apenas 16 años, conoció a la que después será la mujer de su vida. Rosario González, que estudiaba en los Carmelitas. La ex delegada provincial de Turismo ha sido su apoyo en todo momento. No sólo es la madre de sus hijos, sino que posteriormente le ´salvó´ de perder todas sus propiedades al firmar la separación matrimonial.
Es ´vox populi´ aunque nadie haya podido demostrarlo hasta ahora: según sus enemigos, la separación es falsa y responde a una artimaña para evitar que el alcalde tuviese que hacer frente a una indemnización millonaria que un juzgado le había obligado a desembolsar por la quiebra de ´Tropical Fruit´, la empresa que fundó el Ayuntamiento de Almuñécar en 1989 para promocionar los productos agrícolas de la localidad. Benavides no sólo se separó, sino que ´curiosamente´ todos sus bienes fueron a parar a manos de su cónyuge. Así, cuando el juzgado de turno quiso hacer efectiva la sentencia, el regidor se declaró insolvente al tener únicamente registrada a su nombre una motocicleta. Incluso la Fiscalía intervino y y pidió cárcel para Benavides por este supuesto engaño. Nada ha pasado después.
Este episodio ilustra bastante bien la capacidad del alcalde sexitano para sobreponerse a las adversidades, ya sean judiciales, políticas o económicas. Benavides, que concentra a la mayor parte de sus votantes en el empinado y estrecho barrio del Castillo, donde viven los almuñequeros de toda la vida, parece inmune a las causas judiciales. Es, posiblemente, el alcalde de la provincia en activo que más veces ha tenido que atravesar el umbral de un juzgado.
En el informe del Defensor del Pueblo Andaluz de 2006 se otorgaba a Benavides el dudoso honor de ser el mandatario andaluz que más había entorpecido la labor de la institución en materia de investigación urbanística. En ese momento, según diversas fuentes, acumulaba más de 60 pleitos a sus espaldas. Eso sí, en la mayor parte de ellos salió airoso. El repertorio de titulares que ha dado tanto él como su equipo de gobierno en los 17 años de gobierno ha sido variado: desde declarar al Ayuntamiento en suspensión de pagos hasta denunciar a una jueza ante el Consejo General de Poder Judicial (CGPJ) o recibir denuncias por presunto delito de prevaricación en el cierre de un camping. Son sólo unos pocos ejemplos.
Su enemigo declarado tiene nombre: Junta de Andalucía. Sus afines aseguran que él es una especie de David luchando contra Goliath, es decir, contra el gran aparato administrativo andaluz. El urbanismo es el campo de batalla en este sentido. Siempre le han paralizado obras, ya sean hoteles, aparcamientos o urbanizaciones, pero al final casi siempre logra salirse con la suya. Dicen que así son los supervivientes.