JORGE PARADINAS
No es fácil mantener la compostura cuando vienen mal dadas, pero Teresa Jiménez es de esa estirpe de políticos que siempre regalan una sonrisa y tienden una mano aunque truene. Es lo que muchos llaman carisma, que en la vida pública reporta habitualmente pingües beneficios. Quizás sea porque se crió en el seno de una familia dedicada a la hostelería en su Lanjarón natal, pero lo cierto es que Teresa sabe perfectamente cómo tratar a la gente, incluso a sus enemigos. Puede hacer, con su trato cercano, que estos se sientan a gusto en su presencia, pero, cuidado, también ha dado sobradas muestras en el pasado de que es exigente y firme en sus postulados. Sabe mezclar dulzura pública y firmeza en la toma de decisiones.
Ahora que se rumorea que sus días al frente de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía están contados, probablemente más de uno se echará las manos a la cabeza. Sus defensores creen que Jiménez ha conseguido reconducir, gracias a ´medidas de choque´ como las primas al profesorado o el adelanto de curso, un sistema educativo que parecía a la deriva hace sólo dos años, cuando el informe PISA situaba a la comunidad andaluza a la cola de la enseñanza en Europa.
Su labor hasta ahora al frente de Educación, eso sí, no ha estado exenta de polémicas y de enfrentamientos con distintos sectores de la comunidad educativa, algo lógico si se tiene en cuenta que ésta es una de las consejerías más ingratas, de las que más ´queman´ a su inquilino. Ella se encontró, por ejemplo, con el ´marrón´ de la oposición de colectivos de padres a la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EPC) nada más llegar a Sevilla, pero supo mantenerse firme ante los ataques de quienes la creían una novata para tratar estas lides. Durante los últimos doce meses ha recibido elogios, pero también críticas, habitualmente de los sectores educativos más conservadores.
Lo cierto es que quienes la consideraban una advenediza seguramente conocían poco de su pasado. Jiménez atesora una dilatada experiencia en cargos de responsabilidad: parlamentaria andaluza, directoria del Instituto de la Mujer y delegada de la Junta de Andalucía en Granada.
Hija de hosteleros, Jiménez pasó gran parte de su juventud alternado los estudios con el trabajo en el pequeño establecimiento que sus padres regentaban en Lanjarón. Su don de gentes seguramente viene de nacimiento, pero quienes la conocen coinciden en que el hecho de estar en continuo contacto con la clientela del hostal familiar desde pequeña moldeó y fortaleció un carácter siempre agradable hacia los demás, en el que no falta una sonrisa y el cuidado por los detalles. Como además goza de una memoria privilegiada -es capaz de recordar hasta los acontecimientos aparentemente más insignificantes-, casi nunca falla a la hora de memorizar y felicitar el cumpleaños de quienes trabajan junto a ella. También le gusta el orden y las manualidades, algo que se manifiesta en su gusto por todo tipo de artículos de papelería, desde folios de colores hasta sobres de varias clases y tamaños, algo que acompaña con una letra cuidada.
Jiménez puede esgrimir, a diferencia de otros cargos públicos, que conoce bien los problemas del colectivo que dirige, ya que antes que política fue maestra de instituto, durante la década de los noventa. Compaginó la enseñanza con distintas funciones internas dentro del PSOE de Lanjarón. Por cierto, aunque sus responsabilidades la alejan cada vez más de sus Alpujarras natales, es una gran enamorada de la comarca, a la que acude todos los veranos y en la que mantiene amistades como la de la alcaldesa de Órgiva, María Ángeles Blanco. Su capacidad de trabajo y su don de gentes no debieron pasar inadvertidos para el entonces consejero de Educación, Manuel Pezzi, que la ascendió, para sorpresa de todos, incluida ella, debido a su escaso protagonismo político hasta entonces hasta la Delegación provincial de Educación. Desde entonces no ha parado de ocupar puestos de responsabilidad en la administración autonómica.
Piso de alquiler. En Sevilla, como el resto de consejeros no sevillanos, vive en un piso de alquiler de lunes a viernes, pero se ´escapa´ todos fines de semana a Granada, donde permanecen su marido y su hijo. Es más, si tiene que asistir a algún acto en Granada o sus proximidades, prefiere que éste se celebre un viernes o un lunes para poder apurar un poco más de tiempo junto a la familia. Su agenda como responsable de Educación está cargada de compromisos pero siempre hay uno que es irrenunciable: Cada día habla con su hijo para preguntarle cómo le ha ido la jornada.
Quizás los pronósticos se cumplan y Jiménez deba abandonar en los próximos días la Consejería. En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga, ya que tendrá más tiempo para disfrutar de su familia y de sus aficiones -entre las que destaca la lectura, especialmente novelas de misterio de autores nórdicos como Henning Mankell-. Además, pocos dudan dentro del PSOE de que pronto ocupará un nuevo cargo, aunque se limite al ámbito provincial. Quizás lo suyo sea dar un paso atrás para caminar dos hacia adelante.