JORGE PARADINAS.
Posiblemente lo de la buena imagen no vaya con él, pero tampoco lo necesita. Lo suyo son más los hechos que los escaparates. José Manuel Fernández Ortega, nacido hace 40 años en Chauchina, en plena vega de Granada, tiene claros cuáles son sus potenciales y en qué punto se encuentran sus limitaciones. Quizás por ello nunca se le ha subido a la cabeza eso de ocupar cargos de responsabilidad, pese a que en los últimos años pasa por ser uno de los políticos más reconocidos de la provincia y, lo que es incluso más importante dentro de su profesión, uno de los más nombrados, ya sea para bien por sus compañeros socialistas o para mal por la oposición.
Quienes le conocen aseguran que se trata de un hombre de familia y de pueblo, culto, amante de la música, tranquilo y poco amante de las discusiones. Quién iba a pensar esto último, seguramente exclamarán muchos devotos de la causa del PP tras los ‘regalos’ que en forma de declaraciones ha realizado el bueno de Fernández a algunos de los representantes socialistas. Los caminos de la política, sin embargo, son inescrutables, y dentro de ese aire de ‘teatrillo’ que siempre tiene la política a él le ha tocado interpretar uno de los papeles más incómodos: el de fiscal acusador o, según lo cal i f ican sus enemigos, el de ‘mosca cojonera’ del PP.
Lo cierto es que Juan Manuel Fernández se considera, antes que nada, un hombre de partido, y por eso aceptó sin rechistar un papel del que huye la mayoría. Sus críticas al PP provincial no le han ocasionado precisamente amigos, pero él tiene claro que su función actual no es precisamente contentar a todo el mundo, sino ser una especie de guardaespaldas de los intereses socialistas en la provincia. Si algo ha destacado siempre en la trayectoria política de Fernández es la obediencia, el respeto al partido en el que se formó desde la infancia y el ámbito familiar, un bando, en definitiv a , e n el que cree tan firmemente como miles de granadinos en cada elecciones.
Cuando Francisco Álvarez de la Chica, secretario del partido en la provincia, le llamó para encabezar el brazo duro del socialismo granadino, él no se pudo negar. Aceptó sin dudar el reto pero, no contento con ello, amplió su proyecto: se lanzó además a una reordenación interna del partido por entonces cuestionable, pero que ahora empieza a dar sus frutos, según aseguran fuentes del partido. La jugada no le ha salido nada mal al bueno de Fernández, que ha pasado en unos años de ser alcalde de Chauchina a senador, cargo que compagina con el de vicesecretario de los socialistas granadinos. El trabajo bien hecho, como se ve, siempre obtiene recompensa.
Las inquietudes políticas de Fernández nacen de su misma niñez. El padre del actual senador fue un hombre de fuertes convicciones políticas en su Chauchina natal, una actitud que heredó el joven José Manuel. Apenas había comenzado la década de los ochenta y el joven ya tenía claras dos cosas. Primero que la única manera de luchar por las igualdades sociales pasaba por las políticas de izquierdas y, segundo, que la enseñanza era la única manera de cambiar actitudes en el futuro. No dudó en estudiar Magisterio en Granada, estudios en los que se diplomó.
Incluso llegó a ejercer de maestro y abrió una academia en su pueblo antes de que la actividad política absorbiese su tiempo casi por completo. Su trayectoria política, tras afiliarse en el PSOE, comenzó en su localidad natal, donde fue concejal de Fiestas y de Economía antes de llegar a la Alcaldía de un pueblo en que el PSOE parecía ejercer una especie de monopolio democrático –ahora, sin embargo, gobierna IU–. Fernández, en cualquier caso, abandonó sin dudar la política local en 2003 a la llamada de Álvarez de la Chica, que le ‘reclutó’ en su intento de cambiar la imagen de un PSOE granadino que no atravesaba sus mejores momentos por entonces.
No son pocos los que afirman que la reestructuración del partido se debe, en buena parte, a este hombre. Él, por ejemplo, fue uno de los artífices del traslado socialista desde la desvencijaba y minúscula sede de la calle Águilas a amplio recinto que ocupa actualmete en las afueras de la ciudad, cerca de Palacio de los Deportes. “Nunca le ha importado dar la cara a base de duras declaraciones y acusaciones, aunque algunos intenten partírsela a base de respuestas fuera de tono y denuncias”, explican sus allegados.
El PP, desde luego, ya le ha amenazado con más de una denuncia en los tribunales. Pudiera parecer una persona de carácter irascible, sin medida en sus declaraciones, pero dicen de él que es meticuloso, ordenado y práctico. Quizás por ello le apasionen tanto las matemáticas. Quién sabe si en breve tendrá que hacer cuentas para llevar a buen puerto la nave socialista en la provincia.