JORGE PARADINAS.
La terquedad, en el buen sentido de la palabra, siempre da frutos. Tantas fuerza, convicción, insistencia, ganas y voluntad ha puesto el concejal José María Rueda en su objetivo de convertirse en quebradero de cabeza para el aparentemente plácido gobierno de José Torres Hurtado en la plaza del Carmen que al final se ha ganado la disputada secretaría local de los socialistas. Rueda, accitano de nacimiento, es desde el pasado sábado secretario local del PSOE de la capital, o, según lo explican los más críticos y menos diplomáticos, el encargado de dirigir una formación municipal que en los últimos tiempos ha sufrido más reveses y huidas hacia adelante de las deseables.
Rueda se enfrenta a la difícil labor de reorganizar al PSOE de Granada capital, restañar sus heridas y devolverlo como aspirante con opciones en el mapa político municipal. El reto no es pequeño, pero Rueda se maneja como pez en el agua en estas lides. Juega con dos ases fundamentales para ganar esta partida: Conoce como pocos los entresijos de la política municipal y tiene habilidad para solventar y salir airoso de las situaciones críticas, unas virtudes que sin duda han sido apreciadas y tenidas en cuenta por sus compañeros de formación a la hora de elegirle como nuevo secretario local de los socialistas granadinos.
Queda todavía bastante para las próximas elecciones municipales y actualmente no son muchos los que le ven como futuro candidato socialista a la alcaldía de la ciudad, pero el tiempo ha demostrado que a Rueda no se le puede descartar. Siempre estará para lo que haga falta. Rueda comenzó a dar rienda suelta a sus inquietudes políticas en su época de estudiante de Derecho en la Universidad de Granada. Leal desde entonces al Partido Socialista y firme defensor de los procesos de democracia interna en su formación, ha predicado con el ejemplo y siempre ha participado activamente en este tipo de procesos.
Presume, por ejemplo, de haber asistido en Madrid al cong r e s o que vio nacer para la ‘gran política’ a un por entonces semidesconocido José Luis Rodríguez Zapatero. Le gusta que se digan las cosas con claridad y nunca ha escondido sus preferencias dentro del partido: Fue un guerrista convencido y nunca lo ocultó, ni siquiera cuando esta opción parecía la menos aconsejable dentro del PSOE.También se posicionó junto a José Borrell cuando a mediados de los noventa el ex ministro disputó la candidatura socialista a la presidencia del Gobierno al entonces secretario general Joaquín Almunia.
Quienes mejor le conocen aseguran que Rueda destaca más por su lealtad al partido que por el interés en labrarse una carrera política brillante. Esta forma de actuar y entender la política le ha llevado en más de una ocasión a aceptar sin rechistar el ‘trabajo sucio’, es decir, funciones que probablemente no eran las más cómodas . Así llegó, por ejemplo, al PSOE de la capital en 2003, en plena tempestad dentro de la ejecutiva municipal tras la marcha de José Moratalla y Juan Montabes. Rueda ha asegurado más de una vez que él no necesita amarrarse a un cargo ni vivir de la política.
No le falta razón si se considera que tiene asegurada su plaza de secretario de ayuntamiento. Incluso aconseja a los más jóvenes en el partido que resuelvan en primer lugar su porvenir para así poder ejercer posteriormente su labor política con plena libertad. Rueda, de todas formas, ni se plantea dejar la política a corto plazo. El nuevo secretario local del PSOE de Granada se halla ahora mismo ‘en su salsa’, que no es otra que la política municipal. Es un ‘municipalista’ convencido, algo en lo que seguramente también influye el hecho de ser secretario de ayuntamiento. Su profesión –ha ejercido en consistorios como el de Ugíjar– le ha ayudado a descifrar como pocos los entresijos de las corporaciones locales.
"Es difícil engañarlo en cuestiones municipales, porque conoce todo tipo de detalles técnicos. Cuando denuncia algo en el Ayuntamiento de Granada no lo hace precisamente por demagogia", aseguran los que trabajan mano a mano con él. La política local, sin embargo, no sólo entiende de planes parciales y convenios. Rueda también sabe manejarse en las distancias cortas y se siente cómodo hablando con el ciudadano de a pie . Cuando coge el bus de la línea 8 para acudir al Ayuntamiento coincide muchas veces con el mismo grupo de mujeres, que aprovechan para exponerle sus problemas.
Él las llama cariñosamente sus vecinas. Antes de volcarse en labores municipales por necesidades del partido, estuvo en la Diputación, época en la que nace su defensa acérrima del área metropolitana como espacio indisoluble de Granada capital. Quienes trabajaron con él en aquella época también recuerdan que es un hombre de ideas claras: No hubo manera de convencerle para que asistiese a los plenos con corbata, prenda de la que es ‘enemigo declarado’. Rueda, enamorado de las Alpujarras –de donde es su compañera sentimental– y de su Atlético de Madrid, no se ha escondido nunca de los retos políticos: Ahora le llega uno ciertamente importante. Es su momento.