JUAN JOSÉ PORTO
"Decir te quiero" fue el titulo provisional de una película del realizador sevillano - malogrado en plena juventud - Claudio Guerín Hill. . Luego se estrenó con el titulo de "La casa de las palomas". Historia, pasado, presente soterrado. Vale. Nada que ver con lo que voy a contar. Nada, aparentemente.
Empalagamos con frecuencia multiplicando el yo te quiero: a la madre, a los hijos, a los amigos, compañeros..., y sobre todo a la mujer que nos soporta y espera.
Yo, porque me toca, haré hoy una proclamación de cariño inmenso hacia quien tantas veces dije te quiero: Sebastián Pérez Linares, mi "procer" resulta una cursilería aquí y ahora: mi introductor discreto y respetuoso en el mundo de la cultura, del periodismo, del teatro: ¡Hasta me hizo actor! Sebastián tuvo todo el poder en la provincia durante años, pero nunca abusó de ese poder que yo sepa o sintiera. Hombre abierto al futuro proclamaba con sutileza alpujarreña desde su imponente humanidad el cambio político, el cambio de régimen, que se avecinaba. Lo hacía, lo hizo, desde la razón, el entendimiento y, sobre todo, la convicción. Un político de talla y un hombre bueno, generoso con una dotación de ironía impagable. Le quise, le quiero mucho.
Su hijo, Sebastián Pérez Ortiz, hijo más de la sorpresa que de sus propios padres, hombre afable y tremendamente cauto –nos hermana el pasado y la hipocondría- es el presidente provincial de un PP irreconocible para los ingenuos o creyentes, y hombre de Arenas. Me cuenta que un día el sevillano se jactó, ante su gabinete de acólitos, de que le iba a cortar la cabeza... Y de su encuentro Sebastián, "Pitu", Sebas, volvió ungido para presidir a los populares de la provincia. Yo le quiero. Salió el verbo: querer. Y sin embargo, desde esa premisa, he de confesar aquí, al pié de los andamios de las flores, de las palabras; sin mas red que mis convicciones, que el presidente PP dejó de hacerlo bien, al rescatar cadáveres de mimo que nunca fueron rosas y al dar caudal a un balancín de intereses que acabarán por dejarlo a solas con su destino. Tiene tiempo, cabeza y frialdad para rectificar.
Quiero recordar que, al dictador Napoleón Buonaparte, cuando le proponían a un candidato para el ascenso, tras escuchar, con la mirada clavada en el suelo las excelencias del propuesto, se limitaba a preguntar: "¿Pero tiene suerte?".
Sebastián, la suerte se acaba, más tarde o más temprano. Tú pareces tocado por la fortuna, pero no abuses. Lo escribe quien te quiere bien y no olvida a tu padre. Sabes que nunca "fui" del PP, ni del PSOE, ni de Izquierda Unida. Soy de los que aún creen en la revolución pendiente: la de los pétalos, la clorofila, la lealtad y la honradez. Su afectísimo y seguro servidor. JJP.