MANUEL PEÑA RODRÍGUEZ
Hace unos días me puse a pensar sobre los premios y ‘supuestos’ agraciados de los grandísimos premios que reparte la Organización de Loterías y Apuestas del Estado. En concreto esos botes de, como por ejemplo el que hay para este viernes de 100 millones de euros. En teoría le tocará a una o varias personas que nadie duda que sean honradas, buenas personas. Pero, ¿quién dice que son todas estas cosas y no todo lo contrario?
Yo creo que esos premios, si en realidad se reparten, se hacen con mucho tacto y estudiando a las personas a las que va destinadas en dinero. Aunque personalmente creo que no sale de las arcas. Supongamos que le corresponde el premio a una persona trastornada u organización y destinan el premio a fines dañinos. Qué no se podría hacer o comprar con 100 millones de euros o lo que es lo mismo, 16.638.600.000 de las antiguas pesetas. Yo creo que muchas atrocidades. Y que un gobierno no se puede arriesgar a que esto ocurra en un país.
Por lo tanto es fácil pensar que esas exageraciones de botes sólo son para hacer publicidad. Ademas, como siempre se dice, ¿quién conoce o tiene por familiar a una persona que le haya correspondido un gran bote? En casi todos los casos hay sospecha de quién puede ser el agraciado, pero nunca se ha hecho público ‘por seguridad’ del premiado. Sin embargo salen a la luz informaciones que afectan a la seguridad de otras personas.
Se da por hecho que la persona ha desaparecido y no se investiga ni su paradero ni a la familia del supuesto premiado. En resumen, yo seguiré jugando de vez en cuando alguna primitiva, pero por si me toca un pellizquillo, aunque tengo la certeza que 100 millones de euros no los voy a ver. Conclusión: qué triste ser pobre y tener estas reflexiones.