En Plata

Relámpago de felicidad

El poder hipnótico del Granada corrige las deficiencias organizativas, de las que también deben responder los inversores. No se puede pretender separar las goleadas del trabajo diario del club

 
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ENRIQUE ÁRBOL Muchos aficionados se perdieron los cuatro primeros goles del partido del domingo. Debe ser bastante irritante dejarse la paciencia en la cola de las taquillas mientras el estadio se estremece con cada tanto del Granada CF. Y con sesenta euros en la mano para sacar tres entradas de tribuna. Sesenta eurazos, que es dinero, y más ahora. Es verdad que las previsiones se desbordaron y que el club se mostró imberbe e indeciso ante una avalancha de la magnitud del otro día, pero les pido paciencia y condescendencia con la junta gestora. Además, todos podemos poner un poco más de nuestra parte para que eso no suceda. Por ejemplo, los aficionados comprando sus entradas en venta anticipada o yéndose al campo una hora y media antes.

Me decía un directivo al final del partido que no tenemos cultura deportiva de grandes eventos, y lleva toda la razón. La venta anticipada no ha funcionado y debe convertirse esta temporada en una herramienta útil que desatasque las horas previas. Y lo de llegar antes, para que decirles. Las obras del metro, los accesos al campo, los aparcamientos… obligan a salir de casa a las tres de la tarde. No estamos acostumbrados pero bendito sea el esfuerzo que tenemos todos que hacer para ver fútbol del bueno y ver al Granada en Primera.

Dicho lo cual, la junta gestora lo está haciendo lo mejor que puede. Hay mucho que mejorar, eso está claro, y suena bastante cutre que se acabaran las entradas y tuviesen que abrir las puertas para que accediera al galope todo cristo casi al final de la primera parte. Quedan dieciocho días para la próxima cita en casa. Ya sabemos que van a abrir más taquillas y más puertas de acceso. Seguro que tampoco faltará papel. Lo que sucedió el otro día no debe pasar más veces porque el club se juega que el aficionado que espera en la fila con sus dos niños se cabree y mande el fútbol a hacer puñetas.

Deben saber todos ustedes que la joven y entusiasta gestora, sus integrantes, dedican al Granada CF todo su tiempo libre –y mucho que le quitan a sus trabajos– de forma altruista. Ahora la sociedad demanda un club profesionalizado porque la exigencia es máxima a todos los niveles. Y miro a Pina y Pozzo. De momento no han puesto dinero en el club, de momento no han invertido en profesionalizar la oficina y la estructura del Granada CF, argumento este que arma de dudas a los más desconfiados.

A Salvador, que lleva media vida detrás del mostrador de la sede de Recogidas trabajando como el que más y sufriendo las etapas de Jimena, Ruiz, Benito y Sanz, el club le debe cinco mensualidades. Me parece una auténtica vergüenza que no le hayan pagado y pedido cien veces perdón porque lo que para los inversores es calderilla entre tantos millones de euros, supone un tercio de los ingresos para una familia y su sustento económico. Hay gastos que hay que asumir simplemente por vergüenza y por dignidad, sin hacer preguntas y agachando las orejas. No todas las deudas son iguales ni tienen el mismo significado.

Quiero decir con esto que no debemos separar el trabajo diario de las goleadas del domingo, y si hay que contratar a más seguridad privada, más taquilleros y más ´vendecocacolas´, se contrata y punto, porque para aspirar a ser grandes hay que cuidar todos los detalles. El poder hipnótico del Granada CF ha corregido por ahora las deficiencias organizativas, de cuya responsabilidad también deben responder los inversores.

Volviendo a lo de antes, resulta curioso que todos los que empezaron hablando del malestar de las entradas y la espera en las taquillas terminaron recordando la volea de Benítez que se marchó fuera, la calidad de Felipe, que si Tariq es un jugadorazo, el gran fútbol, el ambiente… y todo esto habiéndose perdido cuatro goles y con veinte euros menos en el bolsillo. Lo que está haciendo el Granada CF tiene tanto valor que apela al sentimiento y despierta las emociones oxidadas.

El público que llegó tarde se desesperaba por entrar pero no valoraba marcharse, sino que pensaba "hay que ver lo que me estoy perdiendo", y luego subía las escaleras de dos en dos, ansioso, soñando con aparecer por el vomitorio de la grada y ver el verde salpicado de rojiblanco. Entonces uno respira y dice "por fin he llegado, a disfrutar". Todos querían formar parte del escenario. Este Granada CF es como la sonrisa de un niño: tienes un mal día, todo sale mal, un genio contenido que te sale por las orejas… pero tu hija sonríe y el mundo se para. Es un relámpago de felicidad.

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