GORKA RODRÍGUEZ
Listo que la derecha lleva muchos meses celebrando cada subida del paro no es de extrañar que el dichoso Plan E les descoloque. Ahora regresa ese plan, y en Granada, por ejemplo, deja 97 millones. Semejante desembolso enemigo provoca que mientras el Partido Popular, a través de su presidente, Sebastián Pérez, habla de fracaso, desastre y devastación, el Ayuntamiento, donde abreva el mismo Sebas, festeja cada nueva obra que acapara, y apaña todo lo que puede sin importarle su procedencia. La verdad es que, pensándolo bien, tal esquizofrenia ni siquiera es llamativa en los tiempos que corren. Contradicciones mucho más intensas nos acechan cada día.
Decía que obviamente, el Plan E no es la solución definitiva a la ruina del paro. Pero, al menos, es algo parecido a un remedio paliativo. En cambio, cuando a la derecha se le pregunta por soluciones sólo alcanzan a construir una palabra: reformas. Para ellos es un concepto mágico que contiene todas las recetas que nos conducirán a la abundancia, a la riqueza y a la felicidad completa.
Pero cuando los palmeros conservadores hablan de reformas, quizá sin saberlo, se refieren a reformar el mercado laboral. Eso significa relajar las relaciones laborales, difuminar esos vínculos para que despedir gente no les salga caro. No hay nada más que eso, mejor que no se engañen. Igual que cuando proponen austeridad y prudencia en el gasto social. Más eufemismos. Saben perfectamente lo que significa. Caminar hacia atrás.
El trabajador, que precisamente ha sido el perjudicado por los excesos del pasado, vía hipoteca sobre todo, ahora debe sacrificar su seguridad, de natural precaria, para que los ricos puedan seguir ganando mucho más dinero, con la esperanza, eso sí, de que próximamente se les ocurra tirar del país y crear empleo.
No hay más. No existe una fórmula matemática que asegure las prestaciones de trabajadores y de parados, de los mayores, de los más débiles y que al mismo tiempo permita bajar los impuestos. Eso no es posible y cualquiera con un poco de sentido común y cero conocimientos en economía lo sabe.
Pasa que el mensaje de la derecha es simplón, directo, primario; sale disparado de la boca de tipos con máster en demagogia e impacta en el estómago del ciudadano. A menudo, creo, tiene éxito.