VALENTÍN RIVAS
Han pasado unos días del evento. La verdad es que este año, no sé por qué, me ha llamado la atención, quizá por la calidad de las personas premiadas. La frescura y la juventud de Yelena Isinbayeba, su oriental belleza paseándose por la entrada del Teatro Campoamor. No ha sido solo eso, también me ha impresionado David Attenbouroug, a pesar de estar bastante mayor, por su lucha contra el cambio climático. Norman Foster un Arquitecto cuya impronta está representada por todo el planeta. Martin Cooper, creador de la @ tan imprescindible en el mundo de la comunicación y Raymon Samuel Tomilison, inventor del teléfono móvil. Especial mención debo hacer por su lucha contra la tiranía en un régimen como el albanés, del escritor Ismail Kadaré. No voy a seguir sobre los logros de cada uno de ellos ni, por supuesto, sobre la ceremonia; de la cual, supongo, todo el mundo tiene referencia y conocimiento.
He dejado pasar unos días y, ahora, más sosegado, menos impresionado, me pongo a reflexionar sobre el entorno de los premios: La ciudad de Oviedo. Esplendida, ordenada. Pero sobre todo, verde. El Parque de San Francisco, enfrente del Teatro. La ruta de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, esplendidos ejemplos del arte asturiano rodeados de magníficos robledales. El Teatro Campoamor, una gozada, un lujo en cualquier ciudad. Qué quieren que les diga, me invadió la sana envidia, o la verde envidia, que a fin de cuentas es más o menos lo mismo. Mi conocimiento de Oviedo viene de un viaje de retorno de Galicia, que hice por la cornisa cantábrica, País Vasco, la Rioja y Soria, incluida la Laguna Negra, maravilla de las maravillas, junto a Los Picos de Urbión y la Sierra de la Demanda.
No voy a escribir de viajes, en general, sino de ciudades que como Oviedo, Santander, Logroño, todas ella con una característica común en capitales de una comunidad autónoma uniprovincial. Las inversiones a cada comunidad se han materializado, en las comunidades citadas, haciendo ciudades bien comunicadas, modernas, con más evidencia de que han mejorado su aspecto, su traza, aspectos que en las autonomías con más de tres provincias, y por supuesto en el resto de capitales españolas que no gozan de tal distinción. Supongo que algo habrá tenido que ver la propia gestión de la ciudad (coincidiendo con la gestión de la comunidad, aunque sean distintas administraciones). Por supuesto, sin ánimo de ser pesado, el sumun: Madrid. Coinciden tres administraciones, además de ser la capital del Reino: Es un sumidero de inversiones.
Granada, Granada, de tu poderío no queda nada. El que fue a Sevilla perdió su silla. Granada, ha perdido más. Por el centralismo sevillano (también podríamos decir el centralismo malagueño, o el almeriense, cordobés). No lo creo. Habrá tenido algo que ver, no digo que no. Pero, a mi entender, ha tenido bastante más que ver la torpe gestión municipal que en los últimos treinta o cuarenta años, se ha realizado en nuestra ciudad. Santiago de Compostela es la capital de Galicia, sin ser capital de provincia y es una ciudad que no ha perdido sus tradicionales signos, ni en el centro ni el extrarradio. Sin embargo, ha introducido unas trazas de modernidad en su elegante arquitectura contemporánea perfectamente compatibles con su centro histórico.
Granada, cuyo alcalde D. Manuel Sola Rodríguez Bolivar, allá por los años cincuenta y sesenta devolvía dinero al Ministerio de la Gobernación. Poco o nada hizo (la fuente del Triunfo entre otras), lo que no es poco después de la destrucción sistemática a que ha sido sometida esta ciudad, en su paisaje, en el tratamiento de sus calles, desde los gobiernos municipales de Morales Suvirón y Pérez Serrabona. La corta de árboles de la avenida (entonces de Calvo Sotelo) de la Constitución, perdiendo sus bulevares, la desaparición del tranvía que recogía casi todos los recorridos del centro histórico, (que nostalgia de Lisboa) incluido Plaza del Triunfo, calle de San Antón, a través de calle San Juan de Dios y Duquesa, los teatros Olimpia y Gran Capitán y el magnífico Teatro Cervantes. Las calles de Granada han sido sometidas a una transformación salvaje. Los Parques también. Querían hacer un hotel en el Carmen de los Mártires, para lo que sacrificaron el bosque interior recientemente restaurado.
Desde que se construye Galerías Preciados, actual Corte Inglés, se pierde el paisaje de la Sierra y de las torres de la Iglesia de las Angustias, mucho antes que al hotel Zaida lo reconvirtiera Álvaro Ziza. Por la misma época, (años 70), se implementan nueve plantas en la calle Ganivet, Carrera de la Virgen, Acera del Casino y Recogidas, con lenguaje distorsionante de arquitecturas y tipologías, con medianeras al descubierto. Gran Vía, superponiendo dos, tres o cuatro plantas, a su estructura discutible pero asumida por los granadinos; con ese terminal inútil de la plaza de Isabel La Católica y el horrible edificio del Banco de Santander. El edificio que oculta las torres de la Iglesia modernista del Sagrado Corazón, con menos de cuatro metros de separación. Veinte plantas en la zona de Avda. de Andaluces, etc.
El Teatro Isabel La Católica, obsoleto, aún después de la pseudo-restauración, ya que han dejado unas plateas sin uso por su peligrosidad, inútiles de todas formas para el teatro. El Teatro de bolsillo que es el José Tamayo o la sala del Teatro Alhambra, siempre provisional. De la zona del Serrallo, Conejeras y Camino de los Neveros es mejor olvidarse por la nula contribución al paisaje Urbano.
Reciente la herida del Paseo de la Bomba-Paseo del Salón y Humilladero, donde la piedra ha hecho parecer un macetero su paseo central, por la poca tierra que va quedando. Agobiado y ahogado por la piedra y pasto de los innumerables elementos de mobiliario urbano que van a colocar. Han invertido los valores de identidad del espacio urbano, hasta ahora bello y placentero, aunque descuidado, para transformarlo (desfigurarlo diría yo), en otro ejemplar del barroco pepero. El trazado y estrechamiento del carril de las Titas-Paseo de la Bomba es una trampa para las motocicletas con esos acerados inútiles y sus afilados bordillos.
Es necesaria la creación del espacio escénico, la ciudad necesita un Teatro de la Ópera, recuperar cuanto antes el Manuel de Falla e implementar usos sostenibles en lo que queda de Vega. Repoblar las laderas del Generalife en la vertiente del río Darro, despoblada de árboles tras numerosos incendios más o menos intencionados; al igual que las laderas del parque periurbano del Llano de la Perdiz y Cerro del Sol. Tratar de salvar el paisaje urbano, hasta ahora el más dañado, que se ha tratado de desfigurar tanto en el tono como en sus cualidades materializado en sus calles. Granada, a pesar de la burguesía y sus empresas fagocitantes de suelo que alimentan la actuación inmobiliaria, tiene gran potencial de paisaje, lo que se traduce en calidad de vida. No se deberían permitir más intervenciones distorsionantes que lo alteren.