LUIS GARCÍA MONTERO
Las opiniones de Ayala levantan polémica y provocan admiración por la valentía. Su talante intelectual cuestiona el pensamiento legendario, no sólo de las lecturas falsificadoras del pasado, sino de los análisis convencionales de la actualidad. Tiende por ello a negarse a la comodidad que ofrecen las versiones míticas y las catastrofistas, situándose en el territorio intermedio de la complejidad, de los matices, del análisis desnudo de los asuntos con sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, en la conferencia que no llegó a concluir en Oviedo sobre la televisión, no evita las críticas a sus efectos negativos, en la manipulación política, en la degradación del lenguaje, en la rebaja cultural demandada por la publicidad de la sociedad de masas, en el descuido de la educación. Pero lejos de caer en la demonización del medio, Ayala quiere llamar la atención sobre sus posibilidades, sobre sus factores positivos, y en cualquier caso, más que limitarse a la queja, invita a tomar conciencia de la situación, que no es, por otra parte, muy diferente en la lógica de la manipulación a otro tipo de representaciones: "Si bien se piensa, ese juego, como todo juego, como el de la representación de una obra dramática sobre un escenario teatral al que tanto se asemeja, está sometido a reglas convencionales cuya aceptación y observancia no implica otro engaño que el –quizá tácita o implícitamente– estipulado, esperado y consabido, por más que unas técnicas muy refinadas puedan tal vez sorprender la buena fe del ingenuo. Quien sucumba, sin embargo, al adobo con que unos artífices de la propaganda hacen atractiva la imagen de un candidato, es menos ingenuo tal vez que aquel otro que en tiempos pasados se tragaba la amistosa bonhomía del candidato de viejo cuño, cuando en su visita al distrito en vísperas de elecciones le estrechaba la mano, se interesaba vivamente por la salud de su esposa y besaba con embeleco las mejillas del nene, prácticas estas en las que, por lo demás, no deja de entregarse también el político de ámbito electrónico cuando ha decidido, o han decidido por él sus asesores, zambullirse en un baño de multitudes".
[Extraído del libro ´Francisco Ayala, el escritor en su siglo?]