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El avispero

López Vázquez, el auténtico compromiso

 
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JUAN JOSÉ PORTO Malo o normal, para los que no deseamos nunca – la mayoría– la muerte; malo. Otra vez. Uno y su voz. Cuando al quien se muere, se nos muere. Escribo al pie de la muerte cierta pero no deseada para quien quieres y admiras. No hacía media hora que se había muerto José Luis López Vázquez, mucho más que un actor, un personaje vedadamente público, un cómico de mucha altura. Se nos ha muerto, sí, y con su marcha, una parte de nuestra historia sentimental se nos cae encima.

Yo voy a omitir, en buena lógica personal, repetir biografías, detalles filmográficos. Para eso están los demás, que saben o deben saber. Me remito a lo que, acaso, no haya llegado a no se cuantas generaciones, a lo humanamente significativo para este pobre escribidor. Yo, antes de hacer crítica cinematográfica, de presidir el CEC de escribir guiones –malditos guiones– y de hacer películas –hermosotas, queridas, difíciles películas–, me dejaba gobernar por la irresistible comicidad de José Luis. Era un casi un himno. Y él, inseparable de Tony Leblanc, un genio. Después, ya en Madrid, le conocí, dentro de lo que él se dejaba conocer. Oí su historia y creí saber que me encontraba ante un insólito caso, apuesta, debería escribir, con el más difícil todavía consigo mismo.

José Luis era un tipo con extraordinaria preocupación por la estética y por la ética. Difícil conjunción en el planeta de los sueños. Resulta que empezó en el cine como profesional de "arte", o sea, decoración, figurines y todo eso. Pero, quería ser actor, así se sumió en la servidumbre gloriosa de la interpretación. Fue un cómico eficacísimo con, después de Tony, Alberto Closas, Landa, Arturo Fernández. En medio, la inflexión y un destape teatral que acojonaba, "Amor", con Amparo Soler Leal – quiero recordar– y Prada. Había nacido para el público un actor dramático de primerísimo categoría. Revalidaría hasta la saciedad en el cine, desde ´El bosque del lobo´ –un buhonero asesino al que dotó de infinitos matices psicológicos– a ´No es bueno que el hombre esté solo´, por ejemplo.... Después, ´La cabina´...., Todo.... Eso que quede para los biógrafos.

Y en las despedidas o el hasta pronto, brevedad. López Vázquez, un personaje tremendamente preocupado por la guardarropía personal, elegante, hizo de su vida un compromiso con lo personal. Sus amigos, colegas, decían que era muy tacaño, que se quedaba con la ropa que vestía – de estreno– en sus películas. No lo sé.

Escribí algún guión que interpretó él. Y sé que con Fernán Gómez tenía un entendimiento profesional peculiar. Imagino que en lo sentimental, como todos, tuvo sus luces y sus sobras. Le honran, unas y otras. Cuando le conocí tenía una compañera francesa, luego su relación con la periodista Flor Aguilar.... ¡Al diablo con el amor! López Vázquez no admitió más compromiso político o público que el de su vocación, "llamada". Por eso para mí, que le admiré desde niño, es sinónimo de compromiso; el más difícil de todos, con él mismo. Hasta que la parca quiera. Un abrazo.

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