FRANCISCO ROMACHO
En verdad en verdad os digo que en estas municipales nos vamos a divertir. Y eso que si te asomas a la ventana la primavera del dos mil once todavía no se ve ni se le espera en las agendas: todavía nos queda saber si Mariano llegará hasta Reyes o nos pedirá perdón por los trajes de Camps (desde hace cinco minutos todos los jefes de ese partido de derechas sedicente popular nos piden perdón; de la misma manera que Suárez Adolfo rogaba votos en vez de cariño, estos nos ruegan perdón en vez de vomitar dimisiones). Uno, a su manera, lo entiende: es fácil marcharse a casa pero es muy difícil acostumbrarse a no tener chófer.
En verdad os digo que estas municipales mucho se tiene que torcer la cosa para que se nos roben la emoción. Es cierto que la ciudad envejece, que lo que se ve en los pubs son tonsuras y barrigas, alopecias y tetas de reconstrucción. Es cierto que las hormonas de las nuevas parejas se besan en el extrarradio, en adosados con piscina comunitaria en Maracena y etecé. Es cierto que han sido expulsados del paraíso cerrado y que sus hijos volverán de excursión para ver la Alhambra en el metro que las derechas llamarán tranvía. En cierto que en el catálogo de parques temáticos de la derecha extrema Granada gana posiciones desde que Pepetorres y Pérezhijo se hacen al unísono lo que se hicieron sus antecesores y que ni Toledo, con todo su golpe de cardenal primado y su fábrica de espadas y sus héroes de El Alcázar, les hace sombra.
Pero Kiki, José Gabriel, Díaz Berbel, o sea Kiki, está a punto de tomar el tren de vuelta con los deberes hechos. Quiere decirse que a los antedichos Pepetorres con su tractor a cuestas y Pérezhijo con su apellido a cuestas se están empezando a poner muy nerviosos porque a poco que se les escantille una espuerta de votos todo el entarimado de los últimos ocho años se les puede venir encima. Porque con Kiki tenemos la cuña de parecida manera y porque su aliento les hace sentir inmensamente incómodos. Por fin una bonita pelea por los votos de los barrios del centro entre los señores y las señoras de la derecha.
La ventaja de Kiki es triple y triple. La primera triple es que resulta millones de kilómetros más simpático, popular y populista que sus actuales cocarnetarios. La segunda triple es que ya viene de allí porque ya estuvo antes; no tiene nada que perder y se le han ido acumulando tantas humillaciones y agravios que se han reciclado en de material inflamable, que lo es. Hace algo más de dos años, cuando todo el PP de Granada y parte del universo se le abalanzó al pescuezo para que no diera el paso del abandono definitivo, le vinieron a prometer oros y moros a sabiendas de que su daño podría ser irreparable.
En verdad en verdad os digo que todo eso ahora parece que está sucediendo y que las horas de las últimas horas se han preñado de cariño y supongo que de apoyos para que ocurra lo que debería haber ocurrido cuando Kiki entendió, hace ya muchos años, demasiados para llevarlos por dentro, que dejaba de ser una ventaja para convertirse en un problema, en un problema cada vez más viejo. De tal manera que no es que Kiki se está marchando sino que entre todos los Arenas, los Pérezhijo y los Pepetorres lo están yendo hacia una segunda juventud. Con Fátima dio el primer golpe. El segundo, un bocado de tiburón contra la mayoría absoluta, será en el Ayuntamiento. El retorno, si.