FRANCISCO GIL CRAVIOTTO
Hoy, 4 de noviembre, hace justo cuatro meses que falleció Antonio Aróstegui, escritor, filósofo, crítico de arte, profesor y mentor de varias generaciones de estudiantes. Ocurrió en la ciudad de Ceuta y aquí no lo supimos hasta algunos días después. Fue a raíz de la llegada de tan triste noticia cuando le propuse al profesor Roca hacerle el merecido homenaje.
-¿Y si le hiciéramos un homenaje?
-¿Nosotros?
-Sí, nosotros.
-Cuenta conmigo.
Se adhirió a la idea encantado y aquella misma mañana, mientras él consumía un vaso de agua mineral y un servidor una taza de té, perfilamos cómo íbamos a enfocar el acto. En días sucesivos se nos fueron uniendo otras personas de valía y varias instituciones. No quiero ni puedo olvidar a los más significativos: la Asociación de la Prensa, que a través de su presidente, Antonio Mora, desde el primer momento nos ofreció su sede para la celebración del acto; el periódico Ideal, cuyo director, Eduardo Peralta, también desde el primer día, nos ofreció las páginas del periódico para hablar del homenaje y del homenajeado, lo mismo que su antiguo director y actual Defensor del Pueblo, Melchor Saíz-Pardo, se brindó a participar en el acto. Por aquellas mismas fechas o un poco después se nos unieron la delegada y responsable de Cultura de la Diputación de Granada, señora Cotarelo, el profesor de Filosofía de la Universidad de Granada, Juan Francisco García Casanova, el prestigioso pintor José Hernández Quero, la asociación cultural Granada Histórica, cuyo presidente, César Girón, también se ofreció a intervenir en el acto y el Ayuntamiento de los Ogíjares.
El caso del Ayuntamiento de los Ogíjares merece punto y aparte. Apenas publicada la noticia del fallecimiento de Antonio, el pleno municipal, con la aquiescencia de todos partidos políticos, declaró a Antonio Aróstegui hijo predilecto del pueblo. En la entrevista que unos días después mantuve con la alcaldesa, Herminia Fornieles, y el concejal de Cultura, Manuel Fernández-Fígares, todo fueron facilidades. Sin demasiado esfuerzo delimitamos las dos partes del homenaje: la primera en los Ogíjares, con entrega a la familia del pergamino de la declaración de hijo predilecto del pueblo y placa en el lugar donde nació (la casa primitiva no existe, fue arrasada por el mal llamado desarrollo) y acto de homenaje en el salón de actos del Ayuntamiento. La segunda parte, será en Granada, en la Asociación de la Prensa y consistirá en la lectura de diversas páginas de amigos y admiradores del filósofo.
Algo parecido ha ocurrido con el Centro de Estudios Ceutíes de la ciudad autónoma de Ceuta, editora del último libro de Antonio –sus inolvidables ´Memorias´, publicadas apenas dos semanas antes de su fallecimiento–, que, a pesar de la distancia, también ha querido unirse al homenaje. En nombre y representación de la mencionada ciudad tendremos al escritor y bibliotecario José Antonio Alarcón Caballero, amigo del filósofo y de su familia, que nos hablará de la etapa ceutí de Antonio Aróstegui. Al mismo tiempo, por correo postal o electrónico nos han llegado páginas memorables de ilustres ceutíes o granadinos ausentes que serán leídas en el homenaje de la Asociación de la Prensa. José Luís Gómez Barceló lo evoca en el trabajo titulado ´Antonio Aróstegui en el recuerdo´, el profesor Cecilio Alonso en ´Antonio Aróstegui en su tiempo´ y el pintor Hernández Quero en la página titulada ´Cómo conocí a Antonio Aróstegui´. Para todos ellos, los que van a intervenir y los que han enviado su colaboración, nuestro más sincero agradecimiento.
Durante todo este tiempo la familia, sobre todo su hija Paloma, nos lo ha venido repitiendo: "Él era reacio a honores y homenajes". Lo sabíamos. Tanto el profesor Roca como un servidor conocíamos su proverbial sencillez. No sé cuantas veces le propuse: "Antonio, tienes que figurar en mi libro de granadinos ilustres", pero él siempre me respondía lo mismo: "Yo no soy ilustre". Éste es sólo un ejemplo entre cientos de su carácter sencillo y siempre al margen del mundanal ruido. Si a pesar de conocer su horror por los honores y agasajos, nos hemos embarcado en el homenaje, es porque estamos seguros, segurísimos, de su merecimiento. Vamos a procurar que sea como él fue en vida: sencillo y sincero. Entre todos los conseguiremos.