ANTONIO BARROS MANZANO
Granada es una ciudad a la que se ha nombrado con muchos calificativos, casi siempre hermosos y llenos de un romanticismo que posiblemente atesoró en algún momento concreto de su historia o en la imaginación desbordante del romántico viajero, ávido de aventura o extrañezas que por estos lares son usuales en el falso comportamiento que muestran sus moradores que como sus calles somos estrechos, oscuros, largos y últimamente hasta sucios con nosotros y nuestra ciudad; con recovecos imprevistos en los que tarde o temprano el que viene de otras tierras se pierde o tropieza con ellos; diría yo que podría ser ésta característica el principio activo de la ‘mala follá granadina’, da igual. Yo a la ciudad la doy en llamar , ‘la del Estanque Verde’ en donde todo aparece quieto, inamovible, aguardando el tiempo preciso de la podredumbre.
En donde sus aguas en superficie parecen limpias, pero al ahondar la mirada apreciamos el verdor de su fondo, al que si osamos menear un poco aparece el fango y la inmundicias que día a día van depositándose en él, así es como yo veo a nuestra Granada, la ‘Ciudad del Estanque Verde’. En nuestra Ciudad no lo duden, se volvería de nuevo a asesinar al poeta universal sin que nadie hiciese nada; es la ciudad donde una cabeza que se alce orgullosa por un logro, puede ser una cabeza cercenada; es la ciudad donde un cualquiera de la incultura aterradora que nos invade, dice cuando están cerradas las heridas y ordena que nadie puede colocar una placa en conmemoración de miles de fusilados en las puertas del Cementerio de nuestra ciudad.
¿Quién podría ser tan soez y falto de talento, cultura y sensibilidad para decidir esto? Un granadino por supuesto, un pobre hombre llamado Sebastián, al que papaíto le contaba historias de buenos y malos, de azules y rojos. Él le dio el poder de los de su casta, esos que alzan a través de su supuesto modelo de arte los brazos pétreos orgullosos hacia el cielo azul con los que arañan la propia cara del Creador y, con estos actos se continúan erigiendo en dueños y señores de su ciudad. Yo que lo conozco desde pequeñito en la academia del Carmen, siempre me trasmitió el mismo sentimiento: Lástima, a fin de cuentas estos son, por muy altos que aparenten sentirse, los pobres hombres que inundan esta ciudad; el resto, los que inexplicablemente obedecen, acatan sin más las ordenes de estos hombres que insultan la ahora pobre democracia (en Granada todo es posible). Hasta que a cabezazos como los machos cabríos en celo diriman las diferencias los concejales Olgoso del PSOE y Aguilera del PP; en donde se repartan amables entre los dos partidos la tarta de CajaGranada. Donde el Ayuntamiento ponga zancadillas a la Junta de Andalucía, mientras la Junta a través de sus delegados y consejeros hace lo propio con el Ayuntamiento de la ciudad, el resto de ciudadanos mientras tanto impasible, nada cambia.
Y luego hasta somos capaces de hacernos preguntas: ¿por qué no llega el AVE?, ¿por qué no se acaba de una vez el tranvía y todas las obras?, ¿por qué el Albaicín sufre la especulación y el estado de abandono actual? En fin, muchos porqués y las respuestas son tan fáciles como coger un espejo, mirarnos y repetir: Soy granadino, soy de la ‘Ciudad del Estanque Verde’, después podemos seguir con lo que interesa que por si no lo saben es que todo siga igual, y que viva ‘Graná’ que es nuestra tierra.