NICOLÁS LÓPEZ CALERA
La orden de la Consejería de Justicia que aprueba el protocolo Andaluz de actuación en exhumaciones de víctimas de la Guerra Civil ha merecido recibir una serie de alegaciones por parte de los familiares de Federico García Lorca. El caso ha colocado en una difícil encrucijada a los descendientes del poeta por su reconocimiento del derecho de exhumación e identificación y por su negativa a ejercer tal derecho sobre los posibles restos del poeta. Parece también como si hubiera una preocupación larvada de que allí no estuvieran los restos de Federico García Lorca y el mito (razonable y útil para la memoria histórica) del lugar se cayera.
Pero los hechos siempre serán los hechos. Si en aquel lugar hay enterradas muchas, algunas personas o ninguna y quiénes fueron, en su caso, son interrogantes que no se podrán resolver de manera fehaciente mientras que no se intervenga sobre aquellos terrenos del barranco de Víznar. Por otro lado, si se empieza a levantar el terreno y aparecen restos de víctimas, parece indudable que habrá que proceder a identificar a todas, salvo que se produzca la casualidad de que los primeros restos analizados sean los del señor Galindo y del señor Galadí.
Que los restos de lo no identificados o de los identificados, cuyos familiares no quieran que sean removidos y descansen definitivamente en
aquel lugar y que éste sea preservado como un fiel sitio de memoria de las víctimas de la Guerra Civil parece una propuesta razonable después de tantos años de una consistente, pero no absoluta, creencia de que allí fueron asesinados algunos o muchos españoles. Sin embargo, la orden de la Consejería de Justicia establece que los restos no identificados se inhumarán en el cementerio donde se halla la fosa o en el lugar autorizado por la Administración competente, lo cual plantes un problema para los familiares que no quieran identificar restos, porque tendrán que asumir que estas víctimas descansen en un lugar común sin nombre y sin reconocimiento público.
[Nicolás López Calera es Catedrático Emérito de la Universidad de Granada]