MIGUEL ÁNGEL MARTÍN CÉSPEDES
La intervención en la Puerta de las Granadas ha sido una operación más compleja por cuestiones administrativas que por los objetivos en sí, de ahí su retraso en el tiempo. Para asegurar la calidad de la restauración propiamente dicha, se ha contado con un buen equipo de restauradores dirigidos por la especialista Concepción Cirujano, Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes 2007, y responsable de numerosas intervenciones en monumentos nacionales en piedra.
No hay sorpresa en la calidad de la cantería ni de su piedra constitutiva; lo sorprendente era el estado al que había llegado tras generaciones de paso de vehículos motorizados.
Pero la operación consigue un plus en la recuperación patrimonial devolviéndole a la Puerta la verdadera dimensión en altura y en anchura. Efectivamente, la base de arranque de las pilastras del arco central se hallaba sepultada por ochenta centímetros de sucesivos pavimentos y capas de rodadura para vehículos, como así descubrió la investigación arqueológica previa; esto ha obligado al rebaje de la rasante desde la Cuesta de Gómerez hasta bien avanzado el bosque de la Alhambra. También ha habido que retranquear un metro la invasiva puerta del garaje del palacio de los Marqueses de Cartagena, para dejar expedito todo el frente de la construcción.
El resto de la obra ha consistido en la adecuación del nuevo pavimento a las infraestructuras urbanas existentes, cuestión no menos problemática y con algunas soluciones aplazadas.
Obvio comentar que el proyecto recomienda la prohibición del paso de vehículos contaminantes, ya que producirían nuevamente las mismas patologías en una pieza excepcional del programa representativo de Carlos V en nuestra ciudad. Con toda seguridad, Patronato de la Alhambra y Ayuntamiento llegarán a conseguir este objetivo sin menoscabar el acceso a la Alhambra a los vehículos que justificadamente lo necesiten. El granadino paseante, el turista peatón y los comerciantes de Gomérez ya aprecian –y mucho– el nuevo espacio urbano.