MIGUEL HIGUERAS PÉREZ
Cuando muchas veces se habla de Granada, de los granadinos, de nuestra atávica manera de ser, de lo poco que defendemos nuestros intereses frente al centralismo sevillano, etc., no sólo caemos en el provincianismo, sino que nos aproximamos al nacionalismo en su eterna lucha contra un fantasmagórico “Estado opresor”. Esta tendencia a la endogamia castradora nos lleva a olvidar al individuo, otorgándole un papel secundario con respecto a una especie de orden superior provinciano.
Debo decir que el discurso provinciano es sostenido tanto por políticos como por algunos intelectuales. Grave error éste, porque, como se ha demostrado, esa visión estrecha de la sociedad granadina nos lleva a creernos que somos las víctimas de una conspiración histórica.
Hay personas empeñadas en establecer una frontera cultural granadina y adjudicarle, como hacen los nacionalistas, una ficticia categoría exclusiva. Por ejemplo, no nos basta con tener una televisión pública andaluza, también hay que tener, como pretende el alcalde de Granada, una televisión local (pagada con el dinero de todos) al servicio de su partido. Así, la pugna entre el PSOE y el PP hará más aguda la visión provinciana, acrecentando una estéril como paralizante rivalidad electoralista.
Yo no estoy en contra de cierta descentralización, si ello impide las actitudes defensivas y permite el desarrollo de las ideas cosmopolitas y abiertas. Decir que la noticia de que Puleva va a instalar nuevas plantas industriales en Motril y Huelva, y que esto no haya tenido casi repercusión en Granada, nos describe a una clase política defensiva, sin reflejos y nada culta. Y digo más. Cuando se acabó por fin de construir la autovía hasta la Costa, casi todos los medios de comunicación pusieron el acento en el alivio de los conductores porque dejarían de sufrir atascos. Pero en Granada muy poca gente le dio importancia al hecho de tener una buena comunicación con el puerto motrileño para el desarrollo del comercio. Y es que la relación entre cosmopolitismo y riqueza económica casi siempre ha funcionado a lo largo de la historia, cosa imposible de comprender por parte del provincianismo militante.