GORKA RODRÍGUEZ
Andaba yo dándole vueltas a este juego de palabras que he alumbrado con regocijo de plumilla desplumado, y que sorprendentemente no me han tangado en toda la semana, mientras rumiaba lo que significa la Caja en Granada: arquitectura de hormigón, tenis de mesa de categoría, cajeros que funcionan nada más que regular (han mejorado, la verdad). No sé si se me olvida algo. Bueno sí, que tantos años han hecho de ella un ente financiero-sentimental para miles y miles de granadinos. Intocable, orgullosa e independiente.
Para la mayoría de ellos, por cierto, CajaGranada no existe tal y como la conocemos. Ellos meten las perras en La General, donde lo hacían su padre y su abuelo, pero eso es otro tema. Ahora nombran de mandamás nada menos que a Antonio Jara, aquel señor que fue alcalde, y que con los años se ha convertido en otro ente de diferentes dimensiones, pero que provoca apegos muy similares, cocinados a fuego lento durante años de afecto y cercanía. Todos contentos, pues.
Parece que acierta la clase política, dándose la mano y elevando al Cubo a este Jara otoñal cuya figura no ha parado de crecer desde que se practicaba ese bonito deporte local que consistía en señalar el señorial bloque de pisos del Salón y comentar con cara de interesante: ‘Mira, ahí vive el alcalde’. Y eso que el nuevo presidente estaba feliz en su modesto despacho de Consultivo. Pero igual que nadie se imagina que Cristiano pueda estar en el banquillo, nadie podía vivir tranquilo sin exprimir su talento para la gestión ‘pública’.
Ahora bien, a los que piensan o escriben, que el ex alcalde está allí para darse unos paseos por el Cubo y apretar el botón de la fusión cuando le digan ‘un, dos, tres, ya’ es que no lo ha pensado bien. No puedo imaginar a nadie menos dispuesto a actuar al dictado de instancias superiores y, obviamente, esta realidad es conocida y asumida por esas instancias que también le han nombrado. Ha dado el salto. Jara, más que del PSOE, es de Granada. Siempre lo ha sido. Así que celebremos que lo recuperan para la acción. Y me refiero a lo de ser abuelo por primera vez, no a esa minucia de ser presidente de la Caja.