JUAN JOSÉ PORTO
Debo reconocer públicamente mi más profundísimo sentimiento antimaniqueista: estoy en la absoluta certeza de que la división de los hombres y mujeres, mujeres y hombres, entre buenos y malos, es una malvada falacia convencional. Todos tenemos algo de buenos y algo de malos. Nadie porta la bondad o la maldad absolutas en su ser. Otra cosa bien diferente es que los porcentajes de una y otra se distribuyan desproporcionadamente en cada viviente: se puede ser bueno al cincuenta por ciento y malo, pongamos al 99. No existe un animal racional "10", ni un humano 0". Es lo que uno piensa y siente. Están los regulares, los "malillos" y los de la vocación del "santoral" que se guarda en el limbo de los justos.
A lo que vamos: Dejemos a Ortega en sitio; algún día releamos a Zubiri o mirémosnos en el espejo de Zapatero. O de Rajoy, ¡Oiga! Yo prefiero el de la vicepresidenta del gobierno por su extraordinario buen gusto para vestir en cada momento lo que ha vestir… Por cierto, me cuesta imaginar a que se debe ese empeño en confundir al personal con la significación de su señor padre, don Wenceslao: al parecer y según ha difundido el "tam-tam" informático, abogado e inspector de trabajo, con medallas al mérito civil y al mérito en el trabajo durante viejo régimen. Nos cuentan en visiones contrapuestas, claro- por ejemplo:
Que: "… José Antonio Girón Velasco ocupó el ministerio de Trabajo entre 1941 y 1957. En ese ministerio, entre los cargos de más rango, figuraba Wenceslao Fernández de la Vega, el padre de la actual vicepresidenta. Según ciertas versiones, Fernández de la Vega, era un camisa vieja, es decir, un falangista de los de antes de la guerra, y durante su estancia en el ministerio desempeñó diversos cargos siendo el más importante el de Delegado en Zaragoza. Su sintonía con el Régimen de Franco era tal que acudía a actos falangistas con asiduidad… En 1957 Franco había cesado a Girón como ministro y nombró para ese puesto a Fermín Sanz-Orrío, también falangista. Sanz-Orrío mantuvo sin problema a Fernández de la Vega en el organigrama del ministerio…. " ….
Que: "… Wenceslao Fernández de la Vega Lombán fue alto funcionario en la República (1937), que después fue depurado y perdió dos tramos del escalafón, pero fue rehabilitado en 1955, año en el que Franco, a propuesta de su ministro de Trabajo, José A. Girón de Velasco, le nombró delegado de Trabajo en Zaragoza. Fue delegado provincial de Trabajo con el ministro que sucedió a Girón, Fermín Sanz Orio y fue destituido por Jesús Romeo Corría en 1963…."….
Que:…" Él era funcionario durante la Segunda República, en concreto. Delegado de Trabajo, y estuvo en Xàtiva con motivo del Servicio Militar. Elena y Wenceslao se casaron tras la Guerra Civil Española. El padre de María Teresa Fernández de la Vega padeció una purga política por su anterior vinculación con la República. en el año 1940. La pareja se estableció en Valencia y allí nació años después, en concreto en junio de 1949, en la calle Palau, frente al palacio episcopal, su hija María Teresa. Por esas fechas el padre fue readmitido…"[
Leído lo escrito, -pluma ajena y respetable, ¿no?- este pobre escribidor se limita a recordar que la historia la escriben los vencedores, ¿pero que vencedores? Todo es un ciclo alternante. Y resuena en conciencia el aserto popular de que "con medias verdades pueden construirse grandes mentiras". Y, luego, en la arena del circo público, me repito: cada uno le pone el cristal que le conviene para que los demás veamos las cosas con distorsión o como realmente son: los hechos son interpretados en numerosas ocasiones con afanes partidistas, para este pobre escribidor, poco legítimos…
Y ya entramos en harina, "la cosa publica". Para muchos el presidente del gobierno huele azufre y tiene hilo directo con el averno; para otros Rajoy debiera ser el ángel exterminador de los malvados… Y, entre uno y otro, millones de españolitos, que quieren vivir y acaban bostezando. Son la legión de los condenados al escepticismo. Pero, a la hora de votar, ¡hay que votar!: unos por derecho, otros por obligación y los que restan por interés personal. Ya vendrá, ya vendrá el verano de las urnas, porque, adelantarnos a la estación del voto, poco o nada. La crisis cruje en las amuras de nuestra economía que empieza a hacer aguas por todas partes.
Y, por fin, al grano: ayer se me acercó un desconocido con traza de tranquilo, templado, mediana edad y una semisonrisa que parecía esbozar un ruego o una disculpa. No lo conocía para nada. Me sorprendió cuando pronunció mi nombre e inmediatamente me rogó que lo escuchar unos minutos. Con desconfianza lógica o no pero con la cortesía y el respeto que me debo, asentí primero con un gesto y después con la palabra. Caminamos entre andamios, socavones y mastodonticas maquinas de esta Granada de obras mil durante un espacio de diez minutos. Y me formuló la gran revelación: los políticos trabajan a destajo y no perciben ni remotamente los dineros –"yerros" dijo él- que merecen; son absolutamente incorruptibles, no practican el proselitismo y disponen de una batería de recursos culturales y artísticos incontestables. Luego pasó revista a los funcionarios y funcionarias municipales, especialmente. Vino a decirme algo así como "mire usted si son buena gente que, en general mientras los elegidos o electos van pasando, ellos y ellas permanecen atesorando discretamente información valiosa que jamás usan para desprestigiar o emponzoñar… Yo estaba ya casi convencido de que aquel hombre se había confundido de personaje o que se burlaba con la ironía, pero no. Antes de perderse entre la gente repitió mi nombre y me advirtió que yo estaba , que yo estoy haciendo, hago, mucho daño en mi afán de conocer lo que solo saben valorar y administrar los que mandan, que para eso están…Luego, concluyó con una frase que no je podido olvidar: "anoche vi. a un hombre muerto ganar una batalla y ese hombre muerto era yo…"
Le he buscado casi obsesivamente durante los últimos días y sólo lo encuentro en mi pobre y herida memoria. Probablemente sea el hombre que nunca existió.