OLALLA CASTRO
No sé si por una casualidad vila-matiana o por un extraño proceso de somatización literaria, la primera gripe de la temporada me sacude mientras leo ´Elegía´, de Philip Roth, un libro en el que el norteamericano de origen judío narra la vida de un personaje marcado desde niño por la enfermedad. La reflexión sobre la fragilidad de la vida, intuida desde las primeras intervenciones quirúrgicas a las que el protagonista ha de someterse y aguzada con el paso de los años hasta convertirse en la obsesión central que preside tanto su vejez como la del resto de jubilados con los que comparte residencia, trae consigo inevitablemente el miedo a la muerte. El terror a la enfermedad, donde cada vez más vemos el anuncio de la muerte, se revela efectivo instrumento de control. Elevar ese miedo, inherente al ser humano, a paranoia, contribuye política y económicamente a sostener el sistema capitalista. Y no sólo por el evidente "agosto" que la industria farmacéutica está haciendo con vacunas y antigripales, sino porque existe toda una industria alimentada por ese miedo a la muerte y la enfermedad que ofrece cientos de productos cuyos supuestos beneficios para la salud (una salud que hemos de percibir como algo permanentemente amenazado) constituyen su valor de mercado. Alimentos, suplementos vitamínicos, revistas, programas de televisión han convertido la salud en obsesión, intentando desnaturalizar la enfermedad, hacernos olvidar que el par salud/enferme-dad se necesitan mutuamente, una y otra tienen sentido en virtud de la existencia de su contraria. Con las campañas, tanto institucionales como mediáticas, contra la gripe A, ese alarmismo generador de la paranoia ciudadana se está llevando a tal extremo que no es posible estornudar en público sin que todas las cabezas se giren hacia ti con el rostro desencajado. La gripe, hasta ahora una enfermedad normalizada, connatural a una determinada época del año y que todos asumíamos con mayor o menor estoicismo que habíamos de pasar en algún momento, se ha sobredimensionado de tal forma que uno, por más ajeno que se pretenda a la paranoia general, no puede evitar pensar en algún momento en correr a urgencias y pedir la cuarentena voluntaria. Y no sólo porque los índices de mortalidad de esta nueva cepa de la gripe se anuncian a bombo y platillo en los medios, la paranoia se sustenta en la estrategia del ´shock´ con la que cada tanto el sistema alimenta un miedo irracional en el ciudadano que ha de sentir constantemente amenazada su vida (lo de menos es si se trata del terrorismo o de la gripe), porque el miedo paraliza, debilita, bloquea y subyuga al ciudadano. Y ése es el estado mental perfecto para que los gobernados se dejen gobernar sin resistencias.