JUAN ALFREDO BELLÓN
Hubiera dado un ojo de mi cara por verle las cejas a Gallardón y no tener que entregar esta columna antes de saber qué pasó con la candidatura olímpica de Madrid. Y el otro, por verle el brillo en los ojirris a Esperanza Aguirre, a quien el alcalde confesó por lo bajini haberse sentido tentado de dejarla caer cuando tropezó en la moqueta. Y me hubiera jugado incluso el tercero por conocer las reacciones de Zapatero y los Reyes, justificando el sueldo a pesar de la rebaja reciente.
Pero sigo incólume. No he podido arriesgar mi integridad porque al mediodía de ayer, cuando envié este Burladero, aún no conocía el resultado y solo había división de opiniones: allí predominaba un optimismo voluntarista y aquí ya no se lo creía casi nadie. Habrá que ver las reacciones posteriores porque puede que, esta vez, la culpa sea de Obama y no del chachachá ni de Zapatero.
Me resigno entonces con la cera que arde y pienso que, si una imagen vale más que mil palabras, un gesto bien captado puede ilustrarnos más que el Espasa. Así ocurre con la foto aparecida el miércoles pasado en la portada de EL MUNDO (temblad, felones, que viene Pedro Jota) donde Camps y su guardia pretoriana (el vicepresidente Rambla y el secretario general Costa) han sido sorprendidos practicando pilates sincronizado en el salón de plenos de las Cortes Valencianas. Asombra ver tres gestos tan idénticos (erguida está la troika y orgullosa) con la diestra en el botón central de la chaqueta y la otra en el borde contrario, junto al ojal correspondiente, no se sabe si en ademán de abotonarse o desabotonarse, como si nos topáramos con Núñez Feijoo en el rellano de una escalera gallega y no lográramos adivinar si sube o baja.
¿Responden a un resorte activado por Rajoy desde la madrileña sede de la calle Génova, para despabilarlos y que nos hagan olvidar los diminutivos melifluos de cariño mutuo y los amiguitos del alma querida / en el pecho yo tengo una flor, / no me importa el color que ella tenga / porque el fin tú eres, prenda, una flor, para parecerse, en cambio, a la facción cutrecañí de su partido que aquí tanto sufrimos? Menos mal que ni Arenas, ni Sanz lucen tipo a la italiana como sus colegas levantinos. Aquí ladran mientras cabalgamos pero sin vaselina ni máscaras venecianas.
Por eso, contemplo la foto de estos tres notas, sincronizando su apostura con gesto risueño y desafiante y los oigo echar balones fuera con más arrogancia que don Rodrigo en la horca y se me abren las carnes solo de pensar que todo es infinitamente empeorable y todavía no son, Señor, tan sinvergüenzas como Berlusconi.