PASCUAL RIVAS CARRERA
La expresión "ojo clínico", si no desaparecida, es cada vez menos frecuente en su entorno original, la medicina. Se ha sustituido por un conjunto de pruebas, a veces más largas que la enfermedad y la vida, que llevan a un diagnóstico supuestamente más preciso y acertado. Sin embargo las raíces de esa cualidad médica, y otras similares en la vida corriente, continúan intrigando, cada vez más, a los investigadores según avanzan lo estudios del funcionamiento del cerebro.
Aunque estamos orgullosos de ser el único animal inteligente, lo cierto es que con frecuencia aplicamos el mismo calificativo a otros: perros, delfines elefantes, cuervos, etc. etc., sin olvidar a algunos "inferiores", que nos asombran, como los pulpos, y más…Los humanos empleamos la razón y el análisis consciente para resolver situaciones, mucho menos de lo que parece oportuno y desde luego de lo que se dice. Paralelamente, en todos los casos, los animales con comportamientos inteligentes corresponden a los que tienen buena memoria.
Se ha asociado el ojo clínico con la inteligencia del médico, pero la rapidez del diagnóstico parece apuntar en otra dirección, la intuición, el reconocimiento rápido de modelos, de enfermedades a partir de unos pocos síntomas, lo que ahora se integraría en un modelo de análisis estadístico multivariante, basado en la memoria. Ojo clínico y experiencia son una pareja permanente. Las semejanzas o diferencias entre estados de salud alterada pueden deberse a multitud de factores pero, por lo general, unos pocos síntomas son los más representativos. Si se cuentan además los ligados unos a otros, al final dos o tres características permiten establecer, con bastante fiabilidad, la similitud o la diferencia. La persona que las conoce acierta en el diagnóstico un ochenta o noventa por ciento de las veces: tiene un buen ojo clínico. La rapidez es, por lo general, positiva para el trabajo y lo que se pierde en precisión se gana en tiempo."Cogerlo a tiempo" es una parte importante en el proceso de curación como en otros muchos de la vida.
Es común pensar que alguna situación ya la hemos vivido, que ya conocemos a una persona que nos acaban de presentar o que ante un problema se "nos venga a la cabeza" la solución correcta sin recordarla conscientemente. Es algo menos evidente que una memoria pasiva, reconocer algo que sabemos al verlo u oírlo como cuando en nuestro idioma o en otro somos capaces de leer o traducir algunas palabras que no están en nuestra memoria activa y por ello no emplearíamos en la comunicación normal. Es más, hay casos intermedios en los que la rapidez de la memoria hace diferente nuestra expresión oral que la escrita.
Los estudios actuales avanzan algo más y tratan de las memorias escondidas, las que no se hacen conscientes, pero son capaces de guiar las decisiones. Se ha experimentado con imágenes de caleidoscopio, muy similares, que había que recordar algo después distinguiéndolas de otras muy cercanas. La mitad se habían estudiado profundamente, mientras que las otras se habían observado distrayendo y alterando la atención del sujeto. De las tres respuestas posibles: a) la reconozco; b) me suena o, c) yo apostaría que la he visto. Las acertadas con la tercera opción de de las formas vistas distraídamente fueron más que las que suponían un recuerdo positivo (a) de las estudiadas detenidamente. Los registros eléctricos del cerebro pusieron de manifiesto que se producía una única señal en los casos de apuesta, 200 milisegundos después de ver la imagen. Al tiempo, en los mismos casos, se producía una actividad cerebral en la zona del cortex visual donde se procesan las imágenes.
En resumen el experimento indica que la capacidad de recordar inconscientemente nos acompaña y hace acertar en nuestras decisiones rápidas a lo largo de la vida. Una evidencia más de que nuestro comportamiento normal no es tan diferente del de los animales, excepto cuando aplicamos explícitamente la razón, que suele ser pocas veces. La memoria hace que algunos individuos entre los leones, elefantes, lobos, etc. que tengan más experiencia (recuerdos) y acierten más en sus decisiones, lo que les lleva al liderazgo.
Dentro de lo irracional encontramos también confundir deseos con realidad, que equivale a dejarnos llevar por lo emocional en nuestras decisiones, y confundirlos con razones. Se explican así algunos fenómenos sociales, como la expectativa de voto de una formación política, el PP, con un comportamiento, de algunos de sus miembros, aceptado o justificado por sus líderes, manifiestamente inadecuado, corrupto, calumnioso, y alejado de la moral que rige nuestra sociedad.
Por suerte, a muchos la memoria explícita o la oculta nos hace recordar situaciones anteriores que entran en total contradicción con el comportamiento actual del PP. La ley del embudo nos la aplicarían con más frecuencia sin nuestros niveles de memoria.