MANUEL E. OROZCO REDONDO
Mientras los bosques se queman y el verano recobra su dimensión con el calor, nuestro presidente está de veraneo en mansiones, que tanto han criticado los socialistas pero que ahora son magníficas y de las que no se privan. Por lo que hemos visto este verano, los bosques siguen ardiendo pero ahora no interesa informar demasiado ni alertar en exceso.
Se ha optado por la prudencia y por no crear demasiada alarma a la vista de las numerosas hectáreas calcinadas. Las informaciones de los incendios son escuetas, como sin importancia o como si fuera normal; desde luego, no al modo del Prestige y otras. Antes, en los ´tiempos oscuros´, cuando se quería desprestigiar un sistema se decía "cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde". Descalificaban con esta propaganda a los poseedores de los montes que escapaban del control del ´pueblo´; esto es, a su control.
Todo el poder para el ´pueblo´, y éste, que está conmigo, me lo cede para su custodia y disfrute. Si hiciéramos un inventario de los fuegos, nunca se ha quemado más el bosque como ahora a pesar de los numerosos medios y técnicos de libre designación. Sus gestores desprecian (por lo que dicen los habitantes de los pueblos que padecen los fuegos o sus acciones repobladoras) a los habitantes que llevan siglos como comunidad cuidando sus territorios y apagando fuegos o, y esto es lo más importante, cuidando durante los inviernos los bosques con el ganado, con talas de árboles o repoblando. Esta gestión ya no sirve y han inventado la de dar todo el control a sus representantes; no a los interesados sino a los burócratas de siempre, sumisos y obedientes al que manda.
Los agricultores de las zonas comentan que hay un derroche terrible en la administración de los fondos públicos a la hora de repoblar o de cuidar el bosque para el verano y que son muy intervencionistas. Es ´vox populi´ entre los agricultores de las zonas boscosas que los técnicos que llegan están muy verdes, pero son muy engreídos a la hora de decir cómo hacer las cosas. No dejan opinar. No quieren saber lo que se ha hecho siempre para conservar el bosque. Afirman que no saben apagar fuegos y que es incomprensible para ellos que se quemen tantas miles de hectáreas, pues esto antes no pasaba.
Según comentan, llevan siglos cuidando de sus árboles y sus campos sin tanto control ni tantos organismos y que, además, están arruinando el campo. Están indignados pero ya han caído en el desánimo de ver las cosas que hacen y de tener que pedir permiso para todo; están aburridos del control y de las peregrinas actuaciones de los múltiples organismos que han diseñado para casi lo mismo. Esto es lo de siempre, pues no hacemos más que inventar lo que está inventado, pero hay que darle un toque de modernidad, de cambio y de conocimiento, para justificar los nuevos puestos en donde colocan, como siempre, a los suyos. Está pasando con esta gente lo que pasó en la antigua URSS, para acabar, otra vez, en la antigua Rusia.
Se apoderaron de todo, lo destrozaron todo, rompieron con todo, dejaron a la gente que sabía fuera para colocar a obedientes de sus fanáticas ideologías; se convirtieron en los nuevos dueños, en nombre del partido y crearon multitud de organismos públicos de gestión, en realidad, privada, pues lo manejaron todo a su antojo, al tiempo que convirtieron el país en insufrible para la gran población a la vista de lo que han dicho y sufrido o hemos visto de su terrible gestión.
Aquí y ahora, los métodos son más suaves, pero los fines y los métodos son los mismos y, como siempre, los que mandan se han apoderado de todo y sus leyes son las verdades, mientras el desprecio y la pasividad aparece en el pueblo, que, resignado, ve cómo son siempre ellos los que tienen que obedecer a sus nuevos amos. Mientras, el bosque se sigue quemando, como siempre o más; la diferencia es que ahora el sistema no es el culpable.
Manuel E. Orozco Redondo
Ciudadanos por Granada