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Toxo: "La reforma laboral pretende desmantelar el derecho al trabajo"

Un acto de sinceridad

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JUAN JOSÉ MILLÁS Si en la vida le descalificaran a uno por empujar, como han descalificado a Natalia Rodríguez, la deportista de los 1.500 metros, la mitad de la humanidad estaría descalificada. En la vida, lo de empujar es normal, incluso se considera saludable. Tienes que ser más agresivo, está diciéndole en estos momentos un padre a su hijo en la mesa de al lado a la que yo me tomo el gin tonic de media tarde. Ser más agresivo consiste en empujar, en dar codazos, en morder. Yo tengo las costillas hechas polvo de recibir golpes, y me he levantado 200 ó 300 veces del suelo. Y aún no hemos llegado a la meta, aunque está más cerca, porque la meta de la vida –paradojas del destino– es la muerte. A medida que te haces mayor, aumenta el cálculo de probabilidades. Un infarto aquí, una úlcera sangrante allá, un semáforo mal cruzado…

Hay gin tonics como el de esta tarde que le ponen a uno evocador. Me pongo a recordar por tanto, uno a uno, los rostros de las personas que me han empujado en esta rara carrera que es la vida, y resulta que están casi todas muertas. Las que no están muertas gozan de muy mala salud. No sacaron gran provecho de empujarme, ni de empujar a otros, no les sirvió de nada, pobres. A veces, sin darse cuenta, me hicieron un favor. Hay caídas de las que uno se levanta como nuevo. Qué raros los efectos del gin tonic de media tarde. En la mesa de al lado el hijo poco agresivo está mandando a su padre a freír espárragos, y el padre le dice que un respeto, que esa agresividad la emplee donde debe.

El chico se levanta y se va. Yo pido otro gin tonic (es un error, el segundo me cae mal) y comienzo a repasar ahora los rostros de la gente a la que he empujado a lo largo de mi vida. Al principio me cuesta un poco reconocer que también he sido malo, como a Natalia Rodríguez. Pero gracias al alcohol logro sincerarme conmigo mismo y llego a la conclusión de que soy tan empujador como el que más. Ahora bien, resulta que la gente a la que he empujado está casi toda muerta también, o con úlcera. Quiere decirse que no hay justicia en el mundo, que da lo mismo empujar que ser empujado, lo que me produce una inmensa tristeza que me empuja a pedir otro gin tonic.

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