ALEJANDRO PRIETO
Con el pretexto de separar vehículos y peatones, e impedir que unos invadan a los otros, el Ayuntamiento de Granada se dedica a colocar vallas por toda la ciudad, asemejando cada vez más su centro histórico a una especie de circuito urbano al estilo de Monte Carlo. El coche ha pasado a ser lo más importante en detrimento de las personas, obligadas ahora a caminar como ovejas por un cercado.
El Ayuntamiento ha convertido el centro de la ciudad en un caótico entramado de vallas. Estos elementos que parecen trincheras impiden una circulación normal de los peatones, quitan espacio a las calles saturándolas de elementos, rompen el paisaje urbano y asfixian la circulación.
Las calles del Realejo por ejemplo son ahora mas pequeñas que nunca víctimas de esta agobiante saturación y su función parece relegada a la de meras vías de circulación de vehículos y peatones. Para este Ayuntamiento las calles del Centro han dejado de ser espacios para ser disfrutados y vividos por las personas, su magnitud social y estética es nula, y las ha convertido en ortopédicas vías de tránsito sin ningún valor añadido.