PASCUAL RIVAS CARRERA
La memoria, entre otras cosas, es el mecanismo por el que lo ocurrido en el pasado llega a la actualidad y es a la vez la forma de conformar modelos de comportamiento o principios, según estos se hayan repetido más o menos veces en el pasado. De las facultades mentales es, normalmente, la menos valorada pero, por mucho que nos empeñemos, una buena capacidad intelectual no puede edificarse, ni funcionar, sin una buena memoria. De ahí el dicho, "me gusta pensar, pero no me acuerdo en qué hacerlo". Es además una gran arma para cambiar la realidad pasada, basta con fabricar nuevos recuerdos. La mayor parte de estos no son más que repetición de los contados por otros, por lo que se puede edificar un recuerdo erróneo, distorsionado, interesado, cuando pocos conocen la experiencia de forma directa.
Amaya se ha convertido en un nombre muy común en el País Vasco, como reafirmación del carácter étnico. Una novela del siglo XIX (Navarro Villoslada) situaba en la ciudad de Amaya la capital del los vascos y el símbolo de su resistencia. Las ruinas de la ciudad están en la provincia de Burgos y las fuentes documentales de la época (siglo VII) sitúan allí la capital de Cantabria. La discusión sobre el tema es imposible pues ahora la verdad se ha convertido, la ha convertido una memoria modificada, en una propuesta antivasca, que ayuda a justificar el rechazo hacia lo español. Qué Amaya no sea vasca es sencillamente una herejía, y punto.
Desde hace años se hacen experiencias en lo mejores laboratorios del mundo en busca del funcionamiento de la memoria, que la extensión del alzheimer y otras enfermedades degenerativas, ha convertido en una necesidad.
Hay experiencias con resultados contrarios respecto a la memoria: recordar inconscientemente y olvidar conscientemente, además del bloqueo inconsciente, más o menos traumático, que propuso Freud. Ya hace muchos años, cincuenta, utilizaron capacidades cerebrales "naturales" para enseñarme inglés, no filología inglesa, la lengua, en la misma forma que la utilizan los nativos, con palabras, frases hechas, etc., que utilizada de forma activa y pasiva. Esto es, las que se usan y las que sólo se reconocen, como en el propio idioma. Con el tiempo, la buena o mala memoria y las necesidades de la edad, cultura y circunstancias, hace que se transformen unas en otras, en un proceso que parece cualquier cosa menos obvia, pero que permite al emigrante, después de muchos años, reconocer o volver a usar su dialecto original.
Ahora se ha publicado que es posible bloquear los malos recuerdos e incluso las asociaciones de ideas negativas de forma voluntaria, a través de la inactividad de las áreas de la imagen y de las emociones, de la misma forma que se olvidan voluntariamente palabras concretas. En la memoria parece obvio que uno pueda aprender nuevas palabras y, por experiencia, a veces desagradable, sabemos que se pueden olvidar inconscientemente algunas palabras (¡los nombres de las personas que acabamos de encontrar en la calle!). Lo que no parece tan obvio, aunque sí gratificante, es poder olvidar palabras y hacer desaparecer con ello molestas muletillas o el nombre de algo o alguien desagradable.
Hay por otro lado memorias que no sabemos que existen. A la memoria explicita que es la que nos hace recordar positivamente las cosas, se añade otra implícita, de experiencias ocurridas, pero olvidadas, pero activas inconscientemente. En una serie de experimentos publicados hace menos de un año se invitaba a una serie de personas a tomar decisiones a través de recuerdos explícitos y de experiencias que el sujeto no recordaba haber sufrido, algunas verdaderamente desconocidas y otras olvidadas, implícitas. Cuando se les invitaba a tomar decisiones sobre recuerdos explícitos eran válidas en su mayoría y correspondían con los recuerdos. Sin embargo cuando se les invitaba a emitir una opinión, no una decisión, los recuerdos explícitos e implícitos tenían un número de aciertos similares. En resumen hay memorias escondidas que nos ayudan o nos llevan a tomar decisiones acertadas o adecuadas a nuestra experiencia real, aunque olvidada.
Dentro del funcionamiento inesperado de la memoria está el comportamiento con las lenguas en la infancia, incluso en la más temprana. Los niños que residen en un ambiente bilingüe desarrollan más capacidad para aprender cada una de las lenguas que los monolingües, pero además posteriormente obtienen mejores resultados en otros temas, como las matemáticas.
Hay veces que lo que se quiere ver como obvio por interés político o ideológico, no es más que un intento de retorcer la realidad que parece va por otro lado.