JOSÉ MARÍA NOGUEROL
Para muchos políticos, tanto etiquetas como historia carecen de valor analítico. Sólo poseen fuerza como titular periodístico o no son. Para Mariano Rajoy, el estoico registrador de la propiedad, el grupo Prisa es al PP lo que Torquemada a los infieles, brujas y demás ralea. Dicho lo cual, los chicos y chicas de la calle Génova son una especie de perseguidos por creer que la tierra es redonda y que no hay ninguna prueba científica de que exista dios alguno. Todo queda preciso si no fuera por esas dichosas trabillas italianas, por eso bolsos, por la pastuqui y los amigos del alma.
En una entrevista reciente, Rajoy decía recordar cómo se llamaba el primer presidente de la Junta de Castilla León: Demetrio Madrid. Gracias a una campaña de difamación permanente (aquello sí que era inquisición, y lo que vino después, en especial de 1993 a 1996) Aznar López empezó su meteórica carrera hacia el Escorial y las Azores. La presunción de inocencia no valía: "dimita en veinticuatro horas" igual que el "váyase señor González". El estilo de la casa, impecable, impoluto, nada inquisitorial, muy de sastrería de baja estofa, aunque te vaya a tomar medidas el sastre al Ritz.
Esta derecha que tenemos es tan humana, tan demasiado humana, que a veces no da miedo, sólo vergüenza. Bárcenas calladito, Camps y Costa de rositas, espías y demás, bajo control. ¿Y Correa y el Bigotes? ¿Están también bajo control? ¿Qué milonga habrán contado y cuál mantendrán el día que se juzgue algo de todo esto, si es que ese día llega? La izquierda siempre paga el doble por sus corruptelas, supuestas, grandes o pequeñas. La derecha hace mucho que firmó un talón en blanco para no tener que preocuparse de esas cositas, de esas tonterías. Lo importante es el poder y mantenerlo, lo demás son caralladas.