Regalos

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JAVIER CUERVO Ya no sabemos lo que es regalo y cuando es impropio aceptarlo? La presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, teme en broma (y mientras se las zampa) que sean impropias unas picotas que le regalaron. Qué picotera. En el debate salen a relucir las anchoas que el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, entrega a José Luis Rodríguez Zapatero cuando es recibido en el palacio de La Moncloa. Qué lata.

Estas dudas vienen bien a la confusión que se busca para hacer creer que, además de legales, los trajes que se probaba y quedaba el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, forman parte de la elegancia social del regalo. Para mejor documentarnos en qué es regalo y qué no se acude a culturas cercanas, pero no tanto, en las que está perfectamente determinado qué hacer con los obsequios. Está bien saberlo, por antropología.

Por Derecho comparado, las cantábricas anchoas de Revilla podrían acabar en una despensa del Patrimonio del Estado de un país más septentrional y protestante, lo que sería una lástima porque son semiconserva y se perderían. Todos sabemos qué es un regalo cuando conocemos la intención del obsequioso. Por el valor del presente podemos orientarnos sobre la capacidad de influencia que quiere lograr con su agasajo. Para situaciones impropias se ha acuñado la frase “lo siento, no lo puedo aceptar”.

En este caso, que es el caso Camps, ni siquiera se oyó decir el cortés “no deberías haberte molestado” sino “te quiero mucho” y frases similares, largamente utilizadas en el intercambio de favores en una economía informal. Hace años, había señores casados que tenían una amiga con la que ejercían el sexo e interpretaban algunas formas de afecto y protección ya que una fórmula más directa –pago por servicio, por ejemplo– habría hecho que los dos se sintieran degradados.

Para envolverlo bonito, de vez en cuando, él pagaba con un regalo (unas medias, una joyita, una prenda de vestir, según los tiempos y los posibles). De las tres respuestas antes citadas, ella nunca escogía “no deberías haberte molestado” ni “lo siento, no lo puedo aceptar” sino “te quiero mucho”. Era la respuesta correcta para seguir recibiendo regalos, algo que hay personas a las que les hace mucha ilusión, oye.

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