ANTONIO BARROS MANZANO
La ministra de Sanidad apareció en la pantalla de televisión con un modelito deslumbrante, sonreía con los labios finamente maquillados, pero sus ojos sin embargo, marcados por unas soberanas ojeras, denotaban la responsabilidad que parecía pesar más de lo que podía estar habituada a apencar en cargos anteriores: con Zerolos, Chuecas, Madriles, chulapas y mucha parafernalia de ‘Helio’, como el de los globos, ya saben. Se dirigió al respetable entre ‘jipidos’ y respiraciones más cercanos al prologo de un ataque de ansiedad que al de una buena o mala pero emocionante noticia; sabíamos entonces que se trataba de la misma de siempre, Dª Trinidad Jiménez, la que meses antes había sido rescatada del olvido en los países lejanos a los que la mandaron sus queridos compañeros del PSOE, sin que nadie sepa decir a ciencia cierta a qué menester.
Habrá vacuna para todo aquel que la necesite (frase con tantas posibilidades como el juego de ajedrez), dijo con un suspiro hondo Trinidad; estamos sobradamente preparados para lo que está por venir a partir del otoño, que por lo que parece y según expertos de la OMS será de una gravedad todavía por valorar. –Joder, pensé entonces–, ¿y si la gravedad no se conoce en toda su magnitud, cómo podemos estar preparados para algo desconocido, y además quienes son los agraciados que necesitarán la dichosa vacuna?. Entonces esperé a ver que decía Gabilondo (Iñaki), pero estaba de vacaciones; después conecté la COPE por escuchar la opinión al respecto del ínclito Jiménez Losantos, resultó que los obispos lo habían mandado también de vacaciones a otra congregación para que continuase su particular apostolado.
Esperé al día siguiente, no ya por ver si había mutado de nuevo el “virus”, que dicen que lo hace con frecuencia, sino por si Trinidad había cambiado de parecer, así fue: otro modelito, misma sonrisa, similares ojeras; los nuevos agraciados con la vacuna serán…, segundos de emocionante silencio, ‘jipido’ de rigor y conclusión: niños hasta los catorce años, sanitarios, bomberos, policías, embarazadas, personas con enfermedades crónicas en tratamiento, obesos (sin especificación del mínimo de kilos) y la última incorporación, profesores; eso sí, la vacuna no estará disponible como poco hasta diciembre, con lo cual, igual el Estado se ahorra un buen puñado de ellas.
Conclusión personal: no hay nada como vivir en un país moderno incorporado de pleno al G-8. Estamos preparados dice Trinidad, pero, ¿estamos preparados para dejar a una gran parte de la población a expensas de la suerte del contagio? Ésta es la pregunta que se hacen todos aquellos que tienen hijos mayores de catorce años, padres jóvenes y trabajadores que cada día están en contacto directo con niños sin ser profesores, ¿y esto es a lo que llama Trinidad estar preparados?, en fin, yo por si acaso llevo algún tiempo preparando mi alma para lo peor, que bien visto podría hasta ser lo mejor, quien sabe. Por cierto, felices vacunaciones a los afortunados/as.