Granada abierta

Granada en obras

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MANUEL E.OROZCO REDONDO Nunca, nunca se ha tirado tanto el dinero como en la actualidad en obras de modificación de las calles, de tala de árboles o de abrir y cerrar zanjas para interminables arreglos de embellecimiento o nuevas infraestructuras de todo tipo. ¿Todas necesarias?, pero que se podían poner algo más de acuerdo para llevarlas a cabo o estar más coordinadas, pues son interminables y se suceden una tras otra. Son muchas las historias en nuestra inacabada Granada. Pasamos de destrozar y cortar los árboles de la hoy desaparecida calle Calvo Sotelo o de ampliar y achicar aceras, al Plan E, al nuevo tranvía o a más cemento.

A este ritmo, vamos a tener todo muy arreglado y cientos de miles de parados paseando por las calles en busca de una nueva revolución. Esta Granada, en manos de los constructores, no para de ver su fisonomía cambiar, con nuevas y más feas perspectivas. Así, en el tiempo de primar los coches por la ciudad, se reducían las aceras; cuando esto cambia y la circulación se hace imposible, se amplían las aceras y se ponen todo tipo de obstáculos para los coches. Los políticos se mueven en la ley del movimiento, esto es, hacer cosas para que los "ciudadanos-súbditos" vean que se preocupan de ellos y que mejoran las cosas a base, en muchos casos, de tirar el dinero y de molestar a sus habitantes.

Esta dinámica política es consentida por los habitantes, que se dejan impresionar por todo tipo de cambios y de transformaciones. Hoy vivimos su exceso, pues a todas las obras que se hacen continuamente, se han sumado las promovidas por el Gran "Inventor" General para paliar los efectos de la crisis económica y maquillar el paro. Un listo. A toda prisa se han tenido que justificar obras, sin saber muy bien su necesidad. En esta situación y con las obras del nuevo tranvía, que no un metropolitano subterráneo, han aparecido en casi todos los barrios nuevas obras que han puesto patas arriba esta ciudad.

Desde mi punto de vista es un derroche lo que se está haciendo en el Salón o lo que se construye, contra sus vecinos, en la Bola de Oro, que era un espacio protegido y zona verde. El Paseo de la Bomba estaba bien y nadie pedía que se reformara. No sé cómo quedará, pero dudo que quede mejor, a no ser que el interés sea priorizar los coches o aumentar el espacio para los autobuses, otro de los problemas de esta ciudad y que el tranvía no va a mejorar, por lo que tendremos que seguir soportando estas pestilentes y caloríficas masas rojas. El síndrome del cemento sigue en todo su vigor y se va a poner dicho material encima de los árboles del Paseo, mientras se tiran miles de adoquines, que estaban nuevos, para poner otros; el caso es gastar. Por otro lado, los vecinos de la Bola de Oro se movilizan para protestar por la obras que van a llenar de cemento un espacio de tierra que parecía destinado a ser un parque arbolado que continuara el "Paseo de la Bicha", tan visitado por los veteranos de esta "ruta del colesterol".

Ahora tendrán que convivir con los jóvenes y sus nuevas y excitantes distracciones, pues se van a cimentar estos espacios, al lado del río, para hacer pistas de patinaje y espacios de juegos que van a convertir a este lugar en algo distinto, cuando no problemático. En todo este desbarajuste, el bar ´Las Titas´, que tantas criticas promovió en su momento, vive su esplendoroso verano repleto de gente, como si nada ocurriera a su alrededor ni les afectara nada de lo que está pasando. Muy cerca del bullicio del bar, en ´La Fuente de la Bomba´, una mujer mayor sentada en el banco recuerda su vida. Su mirada perdida nos sumerge en el pasado, su pasado; sus ojos nos reflejan la añoranza de lo perdido, de lo gozado, sufrido o, quizás, reviva los antiguos juegos de sus hijos por estos espacios. En su refugio del banco no espera más que la dejen con sus recuerdos y con sus antiguos espacios, que casi ya no reconoce atrapada, como todos, en esta maldita modernidad de las obras, la prisa y la enajenación del vivir diario en pos de una prometida felicidad que nos carcome el ánimo. ¿Es esto lo qué queremos?

[Manuel C. Orozco Redondo pertenece a Ciudadanos por Granada]


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