Pretextos

La fórmula sueca

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Millones de personas se han contagiado de un frenesí lector que obedece a una clara falta de criterio o han caído en masa presas de la moda de lectura y de las campañas publicitarias. O quizás es que hay algo más

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ-CABEZA Estoy deseando probar el agua mineral Ramölsa aunque no la he encontrado en ningún supermercado, ni siquiera tienen Billy´s Pan Pizza, también he pensado cambiar mi Toshiba por un Apple Powerbook, y si me ocurriera algún accidente como clavarme un hacha en la pierna, querría que me ingresaran en el Hospital Universitario de Sahlgrenska. Además tengo la impresión de haber pasado un montón de veces por Lundagatan, que va paralela a Hornsgatan en Södermalm, la isla de la parte sur del centro de Estocolmo, y voy ahora mismo a comprar un billete para viajar en el X2000, que es como el AVE pero sueco. Quizá no debería haber leído los tres libros de ´Millennium´ en poco más de una semana. Sin embargo mi mujer me llevaba azuzando desde el invierno pasado con el modo en que enganchan y la verdad es que una vez pasadas las primeras 200 páginas del primero me he tragado el anzuelo de Larsson y me ha arrastrado hasta el final del tercero. La fórmula de las mega-superventas de ´Millennium´ no parece difícil de desentrañar. Como en todo superventas, hay algo crucial en juego: la seguridad nacional sueca depende de una punki enclenque que tiene en contra a la policía secreta, a la no secreta, al sistema legal, a los medios de comunicación y a los servicios sociales. Pero la punki antisocial resulta tener una capacidad de supervivencia fuera de lo común, sólo comparable a unas habilidades informáticas inconfesables, y además le ayuda un periodista. Las docenas de personajes, lugares y situaciones parecen de lo más complejo pero se resumen en el duelo desigual entre el aparato para-policial, que usa y abusa de los recursos del estado, y el individuo abandonado a sus propios recursos. Según avanzamos aumenta el suspense: ¿Lograrán los integrantes del ´club de Zalachenco´ internar a Lisbeth Salander en un psiquiátrico de por vida? ¿O por el contrario conseguirá Salander sacar al descubierto el contubernio de la Sección, el grupo más secreto de la Säpo? La premisa de que una chica declarada incapacitada por problemas psiquiátricos pueda derrotar a un grupo de curtidos espías apoyado por asesinos a sueldo y medios de comunicación resulta de lo más peregrina pero funciona. Si este es todo el secreto de ´Millennium´, la conclusión es que millones de personas de todo el mundo se han contagiado de un frenesí lector que obedece a una clara falta de criterio o a que han caído en masa presas de la moda de lectura y de las campañas publicitarias. O quizás es que hay algo más.

Como en toda novela de intriga que se precie, las situaciones que se engarzan en la trama resultan de lo más sorprendentes, si bien van dando lugar a un enfrentamiento tras otro superando todo lo creíble pero el mérito de Larsson es recrear de tal modo el detalle de la vida y las conversaciones cotidianas como para que el lector acepte lo increíble como una realidad sin fisuras... mientras leemos, claro está. Cuando el periodista Blomkvist cuelga del cuello amoratado y pataleando a merced del sádico Vanger no podemos más que rogar que Salander llegue a tiempo y yo cerré los ojos cuando ella le sacudió con el palo de golf pero oí el crujido de la clavícula al romperse y su aullido de dolor. La imposibilidad de los hechos contrasta con la realidad de los detalles pero tiene que haber algo más. Los libros "reales" de Blomkvist sobre Wennerström o la Sección serían algo así como sus trasuntos ibéricos Lobo. Un topo en las entrañas de ETA, de Cerdán y Rubio, o Gal. La historia que sacudió el país, de Miralles y Onetti, que pese al interés de los hechos recogidos y la trascendencia de sus revelaciones, mantienen al lector entre el tedio y el sopor. Lo siento pero ni el último alumno salido de un taller de escritura –dicho sea de paso que por ahí pasó Ildefonso Falcones– escribiría sobre el tictac de las manecillas de un reloj de pared y el movimiento del péndulo mientras una bomba va a estallar llevándose por delante a terroristas e infiltrado culminando el párrafo con ´quince minutos de tensión y miedo´. No es entonces la realidad de unos hechos lo que nos hace implicarnos. Lo que tiene de más ´Millennium´ es que logra involucrar al lector en los sentimientos y sensibilidad de los protagonistas, nos hace percibir y experimentar situaciones reencarnándonos en quien menos hubiéramos sospechado hasta aceptar la ilusión de sus problemas como si fueran nuestros. El secreto tiene que estar en la representación porque la historia tampoco es muy original en sí misma. Ya decía Borges que todas las narraciones se pueden reducir a dos, una en la que una persona trata de volver a su patria y encuentra toda clase de obstáculos, la Odisea, y otra en la que alguien trata de salvar a sus semejantes y muere en el intento, el Nuevo Testamento. Esta odisea de la punki y el periodista podría tener lugar en cualquier país pero mientras mayor sea su respeto a los valores democráticos mejor, y si tiene un extra de exotismo, óptimo. Aunque por más vueltas que le doy, me sigue asombrando la forma en que la experiencia íntima de algunas lecturas nos hace al mismo tiempo miembros de una cofradía de dimensiones planetarias.

Los superventas no aspiran a más que proporcionar entretenimiento, evasión si se quiere, pero no tanto evasión de la vida cotidiana cuanto que de la inseguridad que nos produce no entender el sentido de la realidad o, peor aún, el miedo a que ésta no lo tenga. Cómo tranquiliza entonces pensar que no se puede detener ilegalmente sin rendir cuentas, que aunque engañen a los fiscales ahí están los jueces para enmendarlo, que hay funcionarios que no duermen por defender la Constitución y sobre todo que cuando se tambalean el legislativo, ejecutivo y judicial, siempre encontraremos como último baluarte democrático al cuarto poder: la prensa.

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