AGUSTÍN MARTÍNEZ
Algo así debe andar pensando nuestro glamouroso alcalde, quien entre "trompezón y cabezazo" (sic) y recomendaciones de "calamonazos" a la oposición se ha merendado en una semana a la consejera de Obras Públicas en el asunto del metro; al consejero de Ordenación del Territorio en el POTAUG; al ministro de Fomento en el AVE y al lucero del alba que se le hubiera puesto por delante. Todo ello sin necesidad de privarse de sus siestas estivales y sin hacerse carne mortal en reuniones con los ´probeticos´ alcaldes del Área Metropolitana, ya que no en vano es el ´lidereso´ de la cosa y como tal lo considera el mismísimo consejero, otorgándole trato distinguido y entrevista bilateral y única.
Les confieso que Torres Hurtado es mi héroe. Cada día que pasa admiro más su capacidad para, de la mayor inanidad, llevarnos a las más altas cotas de la miseria. Me resulta admirable que alguien de la ´elegancia´ de nuestro alcalde sea capaz de representar a una ciudad que, como Granada, se considera por encima del resto; que un pedazo de orador como él seduzca y engatuse a ´tuttilimondi´, incluyendo consejeras, ministros, delegados y finísimos granadinos, que por mucho menos del sujeto, verbo y predicado de nuestro prócer han incinerado en plaza pública a bachilleres, licenciados y doctores.
Resistirse a sus encantos es inevitable. ¿Cómo sustraerse a la carcajada que provoca su ingenio? ¿Cómo no troncharse con sus chistes agudos pero a la vez respetuosos para mujeres, moros, gays y rojos en general? ¿Cómo no sucumbir a su verbo fluido y siempre acertado? ¿Cómo no, al fin, dar nuestro brazo a torcer ante sus argumentos, siempre en defensa del interés general y en el polo opuesto del sectarismo?
A poco que mantenga tan acertado rumbo para Granada, Torres Hurtado pasará a la historia de la ciudad como el ´alcalde milagro´, porque milagro y no otra cosa es que arruinando a la Muy Leal, Noble y Celebérrima, borrándola de cualquier mapa de modernidad y progreso, arruinando a los que menos tienen y enriqueciendo a los que más, nuestro ´arcardeman´ lamine electoralmente a todo el que ose discutirle el sillón.
Lo dicho, cautivo y desarmado el futuro de Granada, Torres Hurtado se ha ganado su merecido descanso y puede por fin seguir viviendo de las rentas.