Granada abierta

La carrera ha empezado, vale todo

 21:04  
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PASCUAL RIVAS CARRERA La ruptura del dialogo social es un hecho grave que afecta a mucho más que al ámbito económico laboral y que descubre las prioridades irrenunciables de una parte de los españoles, instalados en su deseo de recuperar un poder que consideran que les pertenece, como los bienes, aun a costa de la pérdida de bienestar del resto.

En economía tiene gran valor el medio en el que se desarrollan las actividades, pues una planificación a medio plazo necesita prever las condiciones en que se desarrollará el proceso. Por ello, muchas empresas son competitivas a pesar de que los precios de materias primas y los costes laborales, de transporte y distribución sean muy diferentes. La estabilidad permite planificar costos y beneficios de la empresa.

De todos los factores, los que más afectan a las previsiones son la seguridad en los comportamientos laborales y sociales, y la innovación, ya que tienen carácter nacional. Las materias primas suelen afectar a muchos países de forma semejante, por lo que no alteran demasiado la competitividad. Hace ya mucho que la competitividad española se basa en el mayor esfuerzo de su fuerza laboral.

Ante la crisis, el Gobierno central ha intervenido en apoyo a los trabajadores y empresarios. Ha propuesto ampliar la cobertura social de los parados y ha establecido medidas para abaratar los costes laborales de las empresas, a la vez que ha mejorado su posición financiera. Justo es que el Ejecutivo muestre su malestar por el trato desconsiderado, hostil y egoísta recibido.

¿Dónde estamos?, ¿en un juego económico o político? Desde 2002 se ha construido un activo muy importante, el diálogo social, en el que con cierta generosidad –a veces mucha por parte de los sindicatos– se pactaban cuestiones salariales y laborales generales. Este instrumento aseguraba la colaboración de todas las partes del sistema productivo para mejorar la competitividad, a la vez que luchaba por mantener los puestos laborales y el poder adquisitivo. El futuro se programaba sobre estos pilares, donde los problemas estructurales del
empleo estaban fuera de discusión.

El órdago que los empresarios han dado en la última reunión, que ha dinamitado el diálogo, al menos por ahora, tiene claves puramente políticas, expresadas ante un micrófono indiscreto no hace mucho. Piensan que su posición negociadora mejorará en un próximo futuro, con un gobierno más débil por la crisis y las encuestas, y unos sindicatos enfrentados a una subida otoñal del paro.

La CEOE ha puesto de manifiesto, en el momento más inoportuno para el país (no sólo para el gobierno), su alineación con las estrategias más radicales de la derecha política, por otra parte normal y esperable. Se ha quitado la máscara de la negociación en beneficio de la economía española y ha pasado ha jugar a favor del PP. Tiene la seguridad de que si logra acabar con este gobierno puede conseguir beneficios laborales como el despido libre –o como quieran enmascararlo–, que será el pago que dará el PP por el apoyo. Es la demostración, una vez más, de una desesperación. A pesar de todos los esfuerzos y de la crisis, la derecha no logra aventajar en las encuestas por más que la mínima al partido socialista, por mucho que sus fieles estén dando un apoyo tan incondicional que sobrepasa la ética política y social, por encima de escándalos económicos y comportamientos inmorales. Ahora dan un paso más y no les importa destruir una de las ventajas de España sobre sus competidores, el dialogo social. El momento es oportuno estratégicamente para ellos, pero un desastre a medio y largo plazo para el sistema económico español. Es una reacción derivada de la seguridad de poder coger el mango del mazo del poder por la supuesta debilidad del contrario, que se encuentra en el momento más crítico y con el paro en alza.

Pero los trabajadores no van a ignorar que esto es consecuencia de la mala gestión financiera internacional y la avaricia de unos empresarios nacionales que inflaron el sector inmobiliario desmesuradamente. El proceso es aún más grave pues reafirma la sospecha de que se apoya a los que han destruido la ética económica con acciones rechazables que han pasado a ser normales y no punibles. Fueron una parte de los empresarios los que optaron por beneficios fáciles en el sector inmobiliario y facilitaron el paro actual.

La colaboración que durante mucho tiempo mostró la cúpula de la CEOE ha cambiado y la organización muestra su faceta más interesada, situada por encima del bien común. Esa es la razón de las crisis económicas periódicas: ir más allá de lo prudente. Estamos en lo más profundo de una y ya preparan el sistema para que paguemos otra. Estratégicamente, además, permitirá al PP mostrar una faceta más moderada y situarse a la izquierda de estas propuestas.

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