JOSÉ MANUEL CASTILLO
En el proyecto del Ayuntamiento del parque urbano de Bola de Oro se contempla la construcción de varios edificios, pistas deportivas, una carretera y un aparcamiento de más de 3000 m2. En resumen, convierten al parque público previsto en el PGOU en un complejo asfaltado para uso privativo en su mayor parte e, incluso, susceptible de privatización, sin acceso peatonal ni apenas función para los vecinos, en particular, para los ancianos y niños que son los principales usuarios de los parques públicos, o sea, que de huertos familiares, de lugares de descanso y paseo con garantías de seguridad para los mayores,… de árboles, bancos… etc. No hay nada.
Desatino político y engaño social.
La ribera del río Genil a su entrada a la ciudad de Granada es y puede serlo aún más un lugar privilegiado para el descanso y esparcimiento de la gente, que ecológicamente es incompatible, por supuesto, con el asfaltado masivo que el Ayuntamiento está llevando a cabo.
Si los políticos del Ayuntamiento quieren conocer el interés general de la población de Granada, no tienen más que acudir precisamente una tarde de verano al camino circundante a la obra, a la ruta del colesterol… Esos que verán son los principales usuarios de ese proyectado, hasta ahora, espacio público.
La gente que usamos este paraje no somos precisamente jóvenes procedentes de otros barrios que buscan bloques de cemento para practicar sus aficiones. No, somos gente de muy diversas edades, sobre todo, mayores y niños, que paseamos y corremos al fresco de la ribera del río Genil y que no nos incomodan si no que, incluso, buscamos caminos de tierra o hierba, a ser posible, no "adecentados por el Ayuntamiento". Asfaltar y edificar en un lugar privilegiado, tal es la ribera del río Genil es, cuando menos, un desatino social. En su caso, para instalar pistas deportivas y para otros juegos, hay en Granada bastantes lugares que carecen de atractivo y valores ecológicos y sociales y, además, están situados más próximos a sus potenciales usuarios. Pero, además, esta actuación urbanística del Ayuntamiento desatiende de forma intolerable a los mayores y niños, potenciales usuarios del parque, a los que sólo reserva unos metros de tierra para jugar a la petanca. Por cierto, que el pretendido conflicto con los colectivos de jóvenes, potenciales usuarios de las actividades y deportes para los que se van a instalar pistas y que, en realidad, sirven de coartada para llevar a cabo esta actuación urbanística, es figurado. En la mesa redonda que este diario organizó hace unos días sobre el tema, estos jóvenes explicaron que han sido inducidos por el Ayuntamiento a pedir la ubicación de su pistas precisamente en ese paraje pero que cuando se les ha explicado el desaguisado y tramoya de tales obras, inmediatamente, han renunciado a su sus demandas inducidas.
Priorizacion de lo privado frente a lo publico.
El diseño del proyecto del Ayuntamiento posibilita un uso privativo y prevé la privatización, directamente o mediante concesiones, de las instalaciones deportivas y de los aparcamientos. En realidad, el auténtico espacio libre para el uso de los vecinos es muy reducido.
Uno de los principales inconvenientes que, en su caso, ocasionará la realización de este proyecto, que, por otro lado, delata el escaso afecto del Ayuntamiento por el transporte colectivo, es la prioridad e incentivo del uso del vehículo privado. No sólo porque en el diseño del proyecto el acceso con este medio privado es mucho más fácil que caminando, para lo que ya se anticipó la construcción de un puente, sino también por la dedicación de más de tres mil metros a una carretera asfaltada y a aparcamientos.
En este sentido, la ejecución de este proyecto va a provocar un empeoramiento sustancial del trafico de la zona mediante la generación de un movimiento de vehículos privados antes inexistente, atraídos por las nuevas vías de penetración rodadas a las pistas y los accesos al aparcamiento. Por supuesto, el proyecto dificulta los accesos a pie e ignora el reforzamiento de las líneas de transporte público.
José Manuel Castillo es Profesor de Economía Política y Hacienda Pública en la facultad de Derecho. Miembro y promotor de la Fundación Nueva Cultura del Agua