EL MICRO ONDAS

¿Y si no estuviera?

 
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AGUSTÍN MARTÍNEZ Se acaban de cumplir 73 años desde que un grupo de militares, cuarteleros y salvapatrias, se levantaron en armas contra el gobierno legítimo de la República, sumiendo a este país en una de las más sangrientas etapas de su cainita historia. Setenta años después, miles de españoles siguen buscando los restos de sus familiares asesinados, sin que tres décadas de Democracia se lo hayan puesto más sencillo.
Que todas las víctimas de aquella orgía de odio merecen el mismo respeto parece evidente; que todas sus familias merecen encontrar sus restos, un hecho de elemental justicia, si embargo, a nadie se le escapa que hay mártires que por sí solos simbolizan toda aquella barbarie. Federico García Lorca es uno de ellos, si no el principal.
Algunas noticias recientes nos dejan una sensación de incredulidad y frustración difícilmente explicable. ¿Cómo es posible que la Consejería de Justicia esté dispuesta a abrir la fosa de Víznar en otoño y sin embargo no vaya a identificar los restos de la más universal de sus víctimas? Asegura la consejera, que sólo se realizarán aquellas identificaciones solicitadas por las familias de los represaliados y de todos es sabido que la familia Lorca no lo solicitará jamás.
Así las cosas, podría darse el caso de que finalmente se procediera a la exhumación de la fosa de Víznar, que se identificaran a tres de los cadáveres que reposan en ella y que nos quedáramos sin saber nada sobre el cuarto. ¡Qué sinrazón y qué injusticia!
La universalidad de la figura de Federico transciende con mucho el mero ámbito familiar y para millones de personas de todo el mundo saber con certeza el lugar donde reposan sus restos supondría acabar con la intención de los asesinos por borrar todo vestigio de su existencia.
La familia Lorca no ha sido capaz de explicar a la opinión pública el porqué de su oposición a que se compruebe el quién, el cómo y el dónde, algo que comienza a alimentar peligrosamente las teorías de que Federico no está donde lo suponemos porque el régimen que lo asesinó permitió a su familia su desenterramiento y posterior inhumación en otro lugar que sólo ellos conocen. Antes de poner el grito en el cielo, ahora los Lorca lo tienen fácil, basta con consentir la identificación de Federico, lo que decidan después será cosa suya, una vez hayan contribuido a que todos recuperemos parte de nuestra memoria más importante.

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