PASCUAL RIVAS CARRERA
Para la ciencia, la comunicabilidad es una propiedad sine qua non, por definición. La ciencia debe ser comunicable, no puede ser inefable. De este carácter derivó, desde muy pronto, la comunicación científica y los medios para ello: academias, sociedades científicas, museos, revistas, reuniones, etc. Se basó en la imprenta y en la comunicación directa entre las personas (comunicación personal), lo que permitió avanzar al conocimiento en los siglos XVII, XVIII y XIX. Se trasmitían los resultados, éxitos y fracasos y, la mayor parte de las veces, se ofrecían para su discusión ideas y experiencias antes de su publicación e incluso de su elaboración definitiva. La exposición previa de los trabajos para la crítica de los socios aún se practica en mi especialidad, como la Academia francesa o la Sociedad Española de Geología y a través de Internet, para algunos casos, en revistas prestigiosas como ´Nature´.
La comunicación científica se enmarcaba en dos parámetros: la generosidad de ofrecer los resultados, y la ética de que nadie en la comunidad los iba a usar ni difundir hasta que el autor no los considerara terminados. Aún hoy, como señal de calidad, los trabajos publicados en las revistas científicas de prestigio, los revisan y critican especialistas antes de ser aceptados para su publicación, en un proceso que puede ser discreto o no, a volunta de los revisores. Se cuentan con los dedos de una mano los casos de plagio de revisores y se considera una de las faltas más graves que puede cometer un científico.
El caso de Darwin puede ser un buen ejemplo de la "caballerosidad científica". En la Real Sociedad, en Londres, desde los años treinta del XIX, intervino y discutió cuestiones sobre evolución, y era de general conocimiento que preparaba un libro sobre el tema, aunque su aparición se dilataba en el tiempo. Wallace, en 1858, presentó a la Sociedad poco más que un libreto que desarrollaba unas ideas evolutivas, similares a las de Darwin, basadas en sus experiencias en el sudeste asiático. Caballerosamente esperó, para presentarlas y publicarlas, a que Darwin terminara su libro, y ambas hipótesis aparecieron al mismo tiempo. Cuestiones sociales, y avatares de la vida posterior, ensombrecieron las ideas de Wallace, tan brillantes y loables como las más duraderas históricamente de Darwin. La costumbre se ha mantenido, más o menos según las especialidades, y por lo general en reuniones científicas se suelen presentar novedades y líneas de trabajo que aún están dentro de los límites de lo no publicado. Ha sido consustancial con el trabajo de investigación en centros públicos poner los nuevos hallazgos, lo antes posible, a disposición del resto de la comunidad científica, y utilizar los congresos, simposios, etc., para adelantar resultados que después son publicados, o no, formalmente. Como consecuencia, el valor curricular de las comunicaciones a congresos no publicadas es muy limitada, cuando no nula.
La legislación de algunos países sobre la propiedad intelectual hace posible patentar prácticamente cualquier descubrimiento, y existe una gran competitividad entre los investigadores y entre la ciencia pública y privada. Por otro lado el desarrollo de los "blogs", ha distorsionado el proceso y ha aparecido una "piratería" que ha puesto en cuestión la forma de organizar reuniones científicas, lo que ha llevado a discutir sobre la conveniencia de organizar congresos abiertos a toda la comunidad o cerrados, a los que sólo se puede asistir por invitación. A la vez que se busca establecer algún sistema que impida reproducir las conferencias, figuras, carteles, etc.
Las comunicaciones se discuten en blogs prácticamente de forma inmediata a su presentación, sin conocimiento en casos del autor, de forma que las interpelaciones, usuales en cualquier reunión entre los asistentes, salen inmediatamente a la calle a través de la red y, lo que es más grave, el remitente, que no es autor, puede incluso no citarlo. Se rompe con ello la ética de la comunicación científica.
Resulta prácticamente imposible impedir que a través de métodos tan simples como el teléfono móvil se reproduzcan las figuras de las conferencias e incluso se graven parcial o totalmente, y que pasen de inmediato a los blogs más usuales.
Las reuniones sobre temas de mayor valor se realizan, cada vez con más frecuencia, entre los investigadores más considerados, en las que los asistentes pueden discutir libremente en un ambiente "autocontrolado". Es reinventar los clubs o las sociedades explícitas de acceso limitado.
Todo ello no liquida la utilidad de la red como mecanismo de comunicación y discusión, pero, como en otros campos, es difícil poner límites al uso de esta nueva herramienta.