EDUARDO TÉBAR
El culebrón desatado por la muerte de Michael Jackson obliga a reflexionar acerca de la rentabilidad de los cadáveres exquisitos del rock. Las desapariciones en extrañas circunstancias generan rumorología y alimentan los juegos cabalísticos. Los óbitos de Jim Morrison, Jimi Hendrix o Kurt Cobain engrandecieron su leyenda. Gozaron de un éxito raudo y meteórico, pero fallecieron sin alcanzar la treintena. Son los muertos bajo sospecha. En esa galería de correligionarios míticos destaca Brian Jones. Este verano, cuando se cumplen cuarenta años del dramático suceso que le costó la vida en la piscina de su casa, la policía de Sussex –localidad del sureste de Inglaterra en la que el ´stone´ tenía su mansión– propone nuevas pistas.
En efecto, según apuntó ayer la cadena BBC, las fuerzas del orden han recibido informaciones valiosas relacionadas con la muerte de Brian Jones. Los comisarios revisarán el caso del ex guitarrista de los Rolling Stones: el hombre que otorgó el chispeante sonido de las Majestades Satánicas en los sesenta.
Jones fue encontrado sin vida en la piscina de su granja en Hartfield, el 3 de julio de 1969. De acuerdo con las indagaciones realizadas hace cuatro décadas, el músico perdió la vida por accidente en el inmueble. Tenía la edad maldita: 27 años. Sin embargo, siempre se esparció el bisbiseo del asesinato. En la jornada de ayer, un policía de Sussex señaló que los documentos hallados invitan a retomar el asunto sobre pesquisas inéditas. "Estos papeles serán evaluados por la policía, pero es prematuro hacer un comentario en este momento sobre cuál será el resultado", advirtió la fuente.
Un baño aciago. El misterio en el acontecimiento resulta inevitable. Brian bebía cervezas y flipaba bajo el efecto de las drogas en compañía de su novia, Anna Wohlin, y el albañil Frank Thorogood. Este último realizaba reformas en la mansión, recién adquirida. Veterano de la II Guerra Mundial, Thorogood había trabajado antes en Redlans, la casa de Keith Richards. Se conoce que pronto se ganó la confianza del músico, con quien bromeaba a menudo y al que cobraba cantidades muy superiores al trabajo real.
La noche fatídica también se encontraba allí la amante de Thorogood, Janet Lawson. Temperatura suave. Ebriedad en el ambiente. En cierto instante, Brian Jones apareció en bañador y se precipitó a la piscina. Los acompañantes le secundaron. Retozaba con el obrero, al que hacía ahogadillas. Al cabo de un rato, las mujeres salieron del agua. Después les siguió Thorogood. Cuando Janet Lawson regresó al jardín se quedó estupefacta: el ex guitarrista de los Rolling Stones flotaba inerte bocabajo. La novia de Thorogood se tiró sin dudar en auxilio. Demasiado tarde. Trató de reanimarle en vano y la ambulancia tardó cuarenta minutos en llegar. Brian Jones estaba muerto.
Eterna sospecha. Los Rolling Stones llegaron a renunciar a las giras debido al quebradizo estado de Brian Jones. De ahí su evidente salida del grupo meses antes de morir. Los abusos etílicos y estupefacientes obstruían la imparable maquinaria de la banda, ávida de ingresos para cubrir deudas y con ánimo por rivalizar con los Beatles. Los vicios le costaron el puesto. La sombra del malogrado instrumentista a menudo enturbió la imagen de Thorogood. El realizador británico Stephen Woolley contrató detectives y filmó ´Stoned´, película que defiende la tesis del asesinato. A tenor de los testimonios recabados por el director, el albañil ahogó a Brian Jones. Muchos ven en este acto el símbolo de la lucha de mundos antagónicos. Thorogood representaba a la Inglaterra proletaria de la calle. Jones, por su parte, la lúdica imaginería de la creatividad y los excesos de aquel tiempo.