EDUARDO TÉBAR
A sus 57 años, Dave Barker anda hecho un chaval. Ya se sabe que la edad computa en virtud en la música negra. Por eso, el James Brown de Kingston arrasó el sábado como cabeza de cartel del festival All Reggae to the People en la sala El Tren de Granada. Todo pintaba a su favor: el acompañamiento inmejorable de la banda barcelonesa The Kinky Coo Coo´s, un historial salpicado de episodios antológicos en la Jamaica de los setenta y la animosidad del público, triste por la caída a última hora –ay, los vuelos– de la francesa Cherry Boop pero exultante por la lección del cantautor canadiense Chris Murray.
Sin esperar a que The Kinky Coo Coo´s parasen tras calentar con material propio, Barker irrumpió en el escenario con hambre de éxito. De blanco impoluto, ataviado con gorra y la chulería playera reflejada en las gafas de sol. Empezó fuerte: quemó en la primera traca los ases de su etapa como asalariado en el estudio Black Art, factoría de Lee Perry para la producción piezas catedralicias. ´Shocks of mighty´ y ´Prisioner of love´ encendieron la mecha del ska más soulero. No en vano, la voz de este perro viejo es todavía uno de los potosís más preciados por la comunidad skin. Sus clásicos agudos de rebato racial conservan la intensidad de antiguas grabaciones.
Claro, que todo resultó más fácil con un grupo de soporte con las tablas de los Kinky, auténticos especialistas experimentados con glorias pasadas como Roy Ellis, Rico Rodríguez o el desaparecido Laurel Aitken. Ahí se encuentran uno de los bateristas más potentes de este país, el refuerzo melódico de dos tecladistas, el guitarrista ´jazzie´ de The Oldians y una pareja de coristas –Sole y Leire Etxarri– que engrandecen lo mayúsculo de por sí. Y Barker, por supuesto, encantado. Con la lectura ska del dylaniano ´Blowin´ in the wind´ y el soniquete hipnótico y universal del piano de ´Double barrell´ se vivieron instantes de delirio. Después, Barker se marchó. Y el corral de tirantes y patillas despertó de un hermoso sueño.