EDUARDO TÉBAR
Che Sudaka continúa agrandando la bola. La denuncia y el buen rollo multicultural resultan infalibles cuando se nutren de músicas festivas. Tan tópicos como eficaces, han pasado de sobrevivir en la Plaza del Tripi de Barcelona a girar por escenarios y festivales de todo el globo. El grueso de la banda lo forma el embrión de Correcaminos, aquella batidora de sonidos ´manuchaístas´ de la costa atlántica argentina. Pero lo suyo se nutre de la mezcolanza. Instrumentistas de las calles del Barrio Gótico de la ciudad condal elevados a maestros de ceremonias para veladas de hipismo. Lanzarse con un título en euskera –´Alerta bihotza´, su álbum definitivo, en 2005– demuestra cierto coraje a tenor de los palos que le han caído a su colega Fermín Muguruza.
Meter a quinientas personas en la sala El Tren de Granada una noche de miércoles es una gesta al alcance de muy pocos. Sabedores de que el público come en su mano, Che Sudaka ofrecen un espectáculo gimnástico, sin tregua. Coreografiados y dinámicos con hasta tres cantantes acalambrados. Y radiando, al estilo hertziano del amigo Chao, un popurrí de reggae de garrafón, cumbia barrial, punk-latin, infatigable pulsión rítmica y efectivos solos de guitarra saturados de wah-wah. Demasiados ases: juegan sobre seguro. Por eso, ¿es necesario repetir veinte veces el viejo recurso del payaso? Naturalmente, todos gritaron lo mismo ante la insistente pregunta del "¿cómo están ustedes?". Interactuación y diversión garantizada.